Quizás te hayas dado cuenta que cuando se habla de inversiones o negocios un tema que siempre sale a la mesa es el retorno que va a generar esa decisión de inversión. Siempre se habla en términos del porcentaje de ganancia, rentabilidad o retorno para indicar si un proyecto o negocio es atractivo. En el mundo de las finanzas a esto se le conoce como la Tasa Interna de Retorno (TIR).
La tasa interna de retorno se define como aquella tasa de descuento implícito (de ahí que sea interna) que hace que el valor presente de todos los flujos de la inversión, tanto positivos como negativos, sean igual a cero. Dicho de manera más simple, al realizar una inversión inicial nos preguntamos ¿qué nivel de exigencia hace que todos los flujos futuros solamente cubran dicha inversión? Matemáticamente hablando lo que se hace es probar una tasa de interés o descuento que haga que la suma de todos esos flujos de años futuros nos pague el valor de la inversión inicial. De ahí es que se obtiene que, derivado de los flujos, una inversión nos brinda el 10 por ciento, 15 por ciento o 20 por ciento de rendimiento.
Una enorme ventaja de esta herramienta es su simplicidad. No solo porque en estos días donde reina el Excel y los programas informáticos es bastante fácil calcularlo, sino también por su fácil comunicación y asimilación para todos. Hablar sobre que un proyecto tiene un rendimiento del 20 por ciento es más práctico e intuitivo que indicar que una inversión nos brinda 12,542.65 dólares de VAN (Valor Actual Neto). De igual forma la TIR nos permite hacer comparaciones más rápidas entre las diferentes alternativas de inversión.
Cuando utilicemos esta metodología solamente debemos poner atención a algunos aspectos. La TIR al ser una medida relativa y no absoluta ignora el tamaño de los proyectos o inversiones cuando los compara, 20 por ciento de rendimiento es igual para una inversión de 100 dólares versus una de 10,000 dólares. Otro aspecto es que en el análisis de una inversión no sea posible estimar la TIR, esto sucede cuando no hay cambios de signos en los flujos, es decir si todos los flujos son negativos o positivos. Finalmente, si hay más de un cambio de signo, es decir tenemos años con flujos negativos y positivos intercalados, matemáticamente tendremos una inconsistencia lo que podría generar más de un resultado de la TIR.
En la práctica es común que se calculen en conjunto el VAN y la TIR. Es lo que tradicionalmente se enseña en las clases de finanzas. Más allá de ver las ventajas o desventajas de estos y otros métodos de análisis de inversión, la fortaleza real radica en el uso combinado de las distintas metodologías lo que brinda un panorama mucho más completo lo que al final nos ayudará en nuestra toma de decisiones.
Por último, debemos tener presente que realizar la estimación de la tasa interna de retorno solamente nos dice una parte de la historia, ya que su grado de aceptación o rechazo depende de otra variable de la que hemos hablado anteriormente: el costo de capital. Entonces, para que una inversión sea atractiva no basta con saber que nos retorna un 15 por ciento, sino que necesitamos saber si ese 15 por ciento es superior a nuestro costo del dinero requerido, por lo cual nos convendría realizar la inversión, pero si es ese 15 por ciento es inferior al retorno requerido la inversión no brinda la rentabilidad necesaria y deberíamos rechazarla. Por favor no olvides esto en tu próxima decisión de negocios.
*Profesional de las finanzas, consultor y profesor a nivel de maestrías Correo: [email protected] / Twitter: @zona_financiera