En la parte sur-oriental del departamento de Chiquimula, república de Guatemala, en el área del Trifinio de las líneas divisorias de El Salvador, Honduras y Guatemala, entre montañas que oscilan entre 600 y 2,500 metros, en uno de los corazones espirituales de América, se localiza un punto de encuentro y puerta de la paz para Centroamérica, el Santuario de Esquipulas.
Al entrar a venerar el famoso Cristo Negro esculpido por Quirio Cataño y que después de 400 años continúa siendo el símbolo de toda una nación que se reúne alrededor del misterio y resurrección de Jesús, me encontré otra imagen del Mesías encorvada, con sus pies y manos tocando tierra, azotado todo su cuerpo, hecho una inmensa llaga, que al verla me conmovió tanto trayendo a mi memoria el canto cuarto del Siervo de Yahvé de Isaías:
“Así como muchos quedaron espantados al verlo,/ pues su cara estaba desfigurada/ que ya no parecía un ser humano…/ Despreciado y tenido como la basura de los hombres,/ hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento,/ semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara,/ estaba despreciado y no hemos hecho caso de él. Isaías (52-14).
Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba,/ eran nuestros dolores los que le pesaban,/ y nosotros lo creíamos azotado por Dios,/ castigado y humillado”. Isaías (53-3-4).
En la Catedral de León hay una obra de arte muy especial, creada por un imaginero proveniente no sé si de la famosa escuela de Guatemala que desde antes de 1560 se conocen sus trabajos o si vino en el equipaje artístico de algún obispo o de un clérigo de renombre venido de España, o a lo mejor, de un carpintero o artesano leonés como el famoso Cristo del Santo Entierro de esa misma Catedral (el Icaza). Se trata de “Ecce Homo”, una pequeña imagen ubicada en una de las columnas de la vieja basílica, muy cerca de la nave del altar de la Virgen del Carmen. Jesús sentado en el Pretorio, ya envuelto en latigazos, en la cabeza una corona. En la mano una caña, asimilando la descripción del Mateo que dice: “Lo vistieron con una capa roja y colocaron sobre su cabeza una corona trenzada con espinas. Después, se pusieron a saludarlo: Viva el rey de los judíos. Y le golpeaban la cabeza con una caña, lo escupían y luego arrodillándose, le hacían reverencias”. Mateo: (15-16-19).
Entre las dos imágenes hay una clara unión, aunque la guatemalteca tiene una fuerte tendencia mexicana, y la de León está más arraigada a nuestra tradición.
Los profetas habían anunciado a Cristo, tanto Moisés como Jeremías habían sido perseguidos, la misión del Siervo de Yahvé es transmitir la palabra y animar de parte de Dios al que está cansado, pero el profeta verdadero es el hombre de oración y dócil al Espíritu de Dios. “Nadie conoce los secretos de Dios sino su Espíritu y nosotros hemos recibido este Espíritu para conocer lo que viene de Dios” (I Cor 2.11).
El coronel Joaquín Arrechavala de Vílchez, alcalde mayor de León en 1790, quien en el imaginario popular dio lugar a la leyenda de un personaje fantasmagórico del cual se dice “aparecía sobre su yegua galopando y sacando fuego con sus cascos por las viejas calles leonesas”, obsequió a la Capilla de San Sebastián, un Jesús Atado a la Columna, la pieza de la más alta calidad digna de los imagineros de Ciudad Real, Comayagua, Antigua o del mismo León, al verla uno descubre que el artista logra plasmar lo que dice Isaías: “Miren a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas”.
Los cuatro Cánticos del Siervo (Is 42, 1-4; 49, 1-6; 50, 4-11; 52, 13 – 53, 12) describen la entrega amorosa del Siervo en favor de su pueblo. El Siervo presenta cinco cualidades. 1. Deviene luz de las naciones y libera a los oprimidos. 2. Entrega su vida hasta quedar desfigurado. 3. Los hombres desprecian la entrega del Siervo. 4. Más tarde, quienes le despreciaban descubren que su sacrificio no ha sido vano, sino que gracias al Siervo reciben el perdón y triunfan los planes del Señor. 5. Dios valora la entrega del Siervo y le concede un puesto de honor pues “cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores”.
El teólogo español Francesc Ramis Darder nos dice: “Jesús es el Mesías anunciado por el Antiguo Testamento que matiza su mesianismo desde la perspectiva del Hijo del Hombre: su actuación manifiesta la humildad, el servicio y la vida compartida. Seguidamente, Jesús perfila su actuación como Hijo del Hombre desde la óptica del Siervo de Yahvé presentado por Isaías: entrega realmente su vida por amor, sufre para salvarnos, y padece practicando la humildad, el servicio y la vida compartida. En la persona de Jesús resplandece la identidad del Siervo de Yahvé, anunciada en el Antiguo Testamento”.
La Semana Santa, con sus procesiones, que nacen en un medio que como muy bien lo dice en ese precioso libro el historiador Heinrich Berlín, Historia de la Imaginería Colonial en Guatemala: “En donde indios, mestizos, mulatos, zambos y criollos no podrían entender y menos hacer suyas, las doctas especulaciones de una escolástica en decadencia, pero sí podían asimilar a los rudimentos de la doctrina cristiana por medio de representaciones visuales”. Es el caso de los Nazarenos, cuya expresión más significativa en Nicaragua lo son el Señor de la Reseña en San Felipe, León, y el Nazareno de San Francisco, Rivas. Todos ellos, lo que quieren transmitir es que: Jesús asume plenamente la misión del Siervo descrito en la obra de Isaías. Todos ellos proclaman la imagen del Siervo de Yahvé.
Con esa idea del Siervo de Yahvé, dispongámonos a entrar al Triduo Pascual punto culminante del Año Litúrgico, participemos en la misa vespertina de la Cena del Señor y centremos nuestra oración en la Vigilia Pascual acabando con las Vísperas del Domingo de Resurrección.
Si así lo hacemos estoy seguro pasaremos una semana verdaderamente Santa.
El autor es abogado.