El director del FBI de los Estados Unidos (EE.UU.), James Coney, asegura que “no existe tal cosa como la privacidad absoluta”.
Coney dijo eso a propósito de las recientes declaraciones de Edward Snowden (el exfuncionario de la CIA que ha hecho masivas filtraciones de informaciones secretas de los organismos de espionaje estadounidenses), acerca de que las agencias de seguridad de los EE. UU. espían o tienen capacidad para espiar hasta los rincones más íntimos de las personas, en todas partes del planeta.
Sin embargo, el director del FBI explicó que el espionaje masivo que practica EE.UU. no es para hacer daño a la gente común y honrada, sino para protegerla, para combatir la delincuencia y sobre todo el terrorismo. En este sentido, Coney aseguró que el gobierno de su país no se entromete en la vida íntima de la gente a menos que haya una buena razón para hacerlo, como cuando un juez ordena a los funcionarios con acceso a información privada que den testimonio en casos que lo ameritan y lo autoriza la ley.
Como sea, lo cierto es que ante el avance inusitado de las tecnologías de la información prácticamente ya no quedan ámbitos de la vida particular de las personas que no estén expuestos a la observación o espionaje de los gobiernos. Poco a poco se han venido cumpliendo las profecías de autores futuristas como George Orwell y Aldous Huxley, quienes ya en 1948 y 1953 escribieron y publicaron respectivamente los libros 1984 y Un mundo feliz, en los cuales anticiparon que los gobiernos impondrían un control total sobre la vida pública y privada de toda la gente.
Sin embargo, se supone que hay una gran diferencia entre el control sobre la vida de la gente que ejercen los gobiernos democráticos, y el que practican los regímenes autoritarios y totalitarios. En los primeros los controles teóricamente son para combatir el delito y el terrorismo, y en los segundos, para controlar a los opositores y asegurar la permanencia de los dictadores en el poder.
Cabe advertir que en el espionaje político con fines represivos el control de las comunicaciones telefónicas sigue siendo el más usado. En Venezuela, por ejemplo, una acuciosa investigación de la revista electrónica Vértice publicada a mediados del año pasado, puso al descubierto el inmenso y complejo sistema totalitario de espionaje político instalado con asesoría técnica china y cubana.
“El presidente venezolano Nicolás Maduro —se señala en la investigación de Vértice— sabe cuántas mujeres le escriben a diario al teléfono móvil del líder opositor Henrique Capriles Radonski. Y las fotos que recibe. Y con quiénes se reúne cada día. Y sobre qué hablan en privado una buena parte de los más destacados dirigentes de oposición en Venezuela como Henry Ramos Allup y Julio Borges”.
Siendo el régimen de Nicaragua de la misma naturaleza dictatorial de los de Venezuela, Cuba y China, hay que suponer que aquí también existe un sistema de espionaje y control político igual o parecido a los de esos países. En realidad, torpes serían los gobernantes si no lo tuvieran y tontos seríamos nosotros si no creyéramos que existe.