La educación es para el desarrollo integral de las personas, no para formar mentes dóciles, automatizados capaces solo de producir, vender y consumir. No se debe herir para enseñar y nuestros hijos no tienen que ser herido para aprender. Nuestros hijos no valen por una buena nota, una medalla o estar en una posición en el cuadro de honor del colegio, nuestros hijos valen porque son personas que nacieron con mucho talento e inteligencia, debemos siempre amarlos en sus logros y fracasos.
Este sistema educativo que inventa heroínas y próceres por decretos y luego los pasa a los libros de texto de fracasado sistema escolar, donde lo único que hemos conseguido es que nuestros hijos odien leer. Los niños son brillantes y talentosos aunque sus notas digan lo contrario, educar implica más que nunca informarse, saber, conocer y observar. Nuestro deber como padres es el de educar a nuestros hijos para que sean la mejor versión de sí mismos y no dejar que el sistema le haga todo su daño. Cada niño y joven aprenderá a partir de sus propios recursos, muchos son buenos para las matemáticas, las ciencias, otros idiomas, arte, deporte, etc.
Estamos en una época importante en cuanto al protagonismo educativo de nosotros los padres, que debemos aprovechar de las increíbles investigaciones que aporta ciencia de la nueva educación. También debemos ser conscientes de que los colegios aún no logran adaptarse al cambio educativo si no que son parte del proyecto político de un gobierno corporativo inmoral, impuesto por el Consejo Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, por lo tanto somos nosotros los padres que participando junto con nuestros hijos de un movimiento educativo que le enseñe a pensar y no a obedecer órdenes y consignas desgastadas, a estudiar historias inventadas en el parque el Carmen, que dañan la autoestima y generan altos niveles de estrés. Esto a la vez se convierte en un modo de entender el aprendizaje con dolor, un dolor emocional que impide avanzar.
Hoy se hace necesario cambiar la pedagogía actual sustituyéndola con nuevos recursos, como por ejemplo, saber cuál es la mejor edad para que nuestros hijos deban aprender ciertas cosas. Nosotros los maestros debemos de ayudar a los padres a que conozcan el potencial del hijo, por eso si los progenitores aprenden un poco más sobre neuroeducación, pueden ayudar a su hijo a organizar mejor sus deberes, para el desarrollo de sus talentos natos y no los impuestos por un sistema educativo fracasado que sabe que si nuestra juventud está embriagándose en sus dispositivos electrónicos y no en sus libros y el mecanismo mediático de comunicación que este gobierno corporativo dominante da una versión distorsionada de nuestra realidad económica, política y social.
Este sistema educativo genera el miedo necesario para que nuestra juventud no se revele al mismo, nuestros hijos estudian para pasar el examen… no para aprender del estudio. Los seres humanos somos ante todo seres sociales, necesitamos estar con otros para funcionar bien. Por lo tanto es muy importante reducir las horas que nuestros hijos pasan en la habitación frente a una pantalla. Y también ¡fuera la moda de «no sales de tu habitación hasta que acabes tus tareas»! Un cerebro aislado no aprende, nuestra juventud observa que de tanto ver triunfar a los corruptos, ver tanta deshonra, de tanto ver crecer la injusticia, de tanto ver el poder en manos de gente malvada, nuestra juventud está desanimada de la virtud, de la moral y puede llegar a reírse de la honra y a tener vergüenza de ser honesto.
El autor es maestro .