Estamos a pocos días de comenzar un nuevo año y de seguro —como todos los años anteriores— escribimos nuestra lista de “nuevos” propósitos, ¿verdad? Lo más seguro es que más del 50 por ciento de las resoluciones sean las mismas que nos propusimos cumplir el año anterior, y no las hicimos.
Algunas de ellas de seguro son: bajar de peso, mejorar la figura, cambiar el carro, mudarnos a una nueva casa, conseguir un mejor empleo, ganar la lotería, ayudar a los pobres, estudiar una carrera, hacer las paces con los amigos, familiares, etc. Muchas son fáciles de lograr, otras, casi imposibles.
En nuestro interior nos damos cuenta que no lo logramos, pero ahí vamos otra vez. ¡Y eso es perfecto! No debemos desanimarnos o perder el impulso de la motivación de las fiestas del Año Nuevo, por el contrario, aprovechemos esta ocasión.

El sitio portumatrimonio.org les ofrece a continuación unas sugerencias para que este nuevo años sea diferente a los anteriores:
• Pongamos nuestra confianza en Dios, no en nuestra propia fuerza de voluntad.
• Recordemos cada vez que pensemos en nuestras resoluciones que somos seres humanos, que nos cansamos, nos equivocamos y cometemos errores.
• Evaluemos si nuestras metas están propuestas por la razón correcta, es decir para nuestra felicidad, la de nuestro cónyuge y la de nuestra familia en primer lugar.
• Conversemos sobre nuestras resoluciones con nuestra pareja, para que él o ella sepa sobre las metas que estamos tratando de alcanzar y pueda así ser un agente de ayuda y motivación para que las cumplamos y no por el contrario, ser quien nos incite a no cumplirlas.
• Propongamos metas que no solo sean individuales, sino metas que nos unan y nos ayuden como pareja, tales como tener más paciencia para no entrar en discusiones, ponernos de acuerdo en todas las áreas de acción y decisión en nuestra vida de pareja y familiar, separar un tiempo regularmente para compartir solos como pareja o en familia con los hijos, moderar o eliminar las actividades o actitudes que ofenden o crean ansiedad a nuestra pareja o nos dañan a nosotros mismos, hacer un balance entre el trabajo y la familia, o corregir cualquier otra cosa que esté afectando la convivencia sana y feliz.
• Las resoluciones para el año deben ser evaluadas frecuentemente (semanalmente o lo más seguido posible) para poder hacer los reajustes de acuerdo a como nos vayamos desenvolviendo.
• Celebremos las metas logradas, hagamos saber a nuestra pareja y nuestros seres queridos de nuestros logros y ¿por qué no?, darnos una palmadita en la espalda y también recompensarnos por nuestro esfuerzo.
• Por último y no por ser menos importante, la resolución de año nuevo y de todos los días es amar a la persona que Dios nos separó para ser nuestra compañía en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, en los momentos de celebración y en los de duelo.