“¿Y extrañas la celebración de la Navidad?” pregunté a mi prima que vive en Japón desde hace ya cuarenta años. “No”, me dice, “el ambiente navideño está en todas partes, los edificios, las empresas, los comercios, las ciudades, compiten en la iluminación navideña; hay fiestas navideñas en cualquier lado, el día de Nochebuena hasta el más pequeño restaurante oferta cenas navideñas a las que asisten las familias, y en especial los enamorados. Y esto se ve también en los hogares, incluso en las zonas rurales, no hay casa en la que falte un árbol de Navidad y figuras alegóricas a Santa Claus. Son infaltables los regalos, sobre todo a los niños”.
Pregunté a la prima: “¿Y se ven también nacimientos, pesebres?” “No”, me contesta, “solamente pueden verse en iglesias cristianas y en los pocos hogares cristianos”.
Japón es un país en el que predominan las creencias sintoístas y budistas, los cristianos son pequeñas minorías. Y Japón es solo un ejemplo, la Navidad es uno de los grandes y exitosos eventos de mercadotecnia de la economía global.
Hoy, Santa Claus está omnipresente en Nicaragua y en el mundo entero, aún en los países no cristianos. El Polo Norte, la nieve, nórdicas coníferas, renos, trineos, duendes, acompañan al robusto y bonachón personaje.
La globalización mediática y comercial lo ha convertido en un ícono de la cultura de masas universal, recreado en toda una moderna mitología alrededor de la figura de Santa, con historias a las que continuamente se le agregan nuevos elementos y personajes, que nada tienen que ver con la natividad de Jesús. Quizá lo único que se conserva del sentido original es el “Espíritu de Navidad”, entendido como una fecha en que se celebra la fraternidad humana.
Pienso que no es asunto de combatir a Santa Claus, nos guste o no, está firmemente posicionado como una rutilante “celebrity”. Lo importante es mantener y promover nuestra cultura tradicional navideña, que es manifestación de la celebración de la encarnación del amor, la fraternidad y la buena voluntad con el nacimiento del Niño Jesús.
Es el nacimiento el mensaje de amor y salvación, de ternura para la convivencia humana, de igualdad en dignidad para todos los seres humanos. Jesús proclama que ha nacido para traer la paz que nace desde el corazón y debe reinar en la sociedad humana. Un ideal que orienta a las personas de buena voluntad. No se puede comprar en Centros Comerciales. Solo se puede regalar con la entrega de amor de cada persona.
En Nicaragua, tradicionalmente hemos adornado nuestras fiestas navideñas con “nacimientos, pesebres, portales”, o sea representaciones de la escena del nacimiento de Jesús en Belén. Igualmente celebramos “pastorelas”, que son dramatizaciones populares, acompañadas de villancicos propios, musicalizados con panderetas, pitos de barro y agua, tambores, caracoles y matracas; niños vestidos de “María”, “José”, “ángeles”, “pastores”, que en divertida didáctica enseñan a los niños las historias y el mensaje del nacimiento de Jesús y de la bondad humana. Mantener estas tradiciones es una forma de reafirmar nuestra identidad cultural y seguir siendo nicas, a la vez que miembros de una cultura global. Y ellas están vivas en muchos hogares, barrios, comarcas de nuestro país. En este sentido, juegan un papel destacado los Nacimientos instalados por instituciones del gobierno y de las municipalidades en las calles de nuestras ciudades.
Todos podemos aportar un poco, este año con mi esposa hicimos el “papel de peña” con almidón y colorantes, para modelar la gruta del pesebre. Nuestra nietecita, sus amiguitos y algunos vecinos aprendieron también a elaborarlos. Un detalle de tradición transmitido.
Que la paz sea con nosotros.
El autor es psicólogo social.