Iván de Jesús Pereira

Feliz Navidad

Como pobre que soy y no teniendo ni un zurrón para traerte regalos ni un viejo tambor para tocarte como el niño de la canción ante tu pesebre ni traigo un gajo de chilincocos para adornar tu chinchorro. Quiero por este medio contemplarte y ayudar a que otros te contemplen, glorificándote y alabándote como los pastorcitos de Belén, porque lo mejor de nosotros los que nos llamamos cristianos, no está en las obras de misericordia o de promoción a la humanidad que podamos realizar, sino que con lo mejor de nuestros espíritus te miremos a ti Cristo Jesús. Que nuestra oración deje de ser una petición de favores y se vuelva mirada tranquila, para estar contigo, fijándonos en tu presencia, recibiéndote, teniendo impreso en nuestros corazones, tu misericordia, la certeza de tu perdón, la seguridad de tu fuerza, en fin, para dar gracia y alegrarse en Dios.

Hoy es Navidad, hoy celebramos tu venida, tu eres el gran anunciado, el gran rey, el Mesías, de ti el profeta ha dicho:
“Una rama saldrá del tronco de Jesé, / un brote surgirá de sus raíces./ Sobre él reposará el Espíritu de Yavé,/ espíritu de sabiduría  e inteligencia,/ espíritu de prudencia y  valentía,/espíritu para conocer a Yavé, y para respetarlo,/ y para gobernar conforme a sus preceptos./ No juzgará por las apariencias ni se decidirá por lo que se dice, sino que hará justicia a los débiles/ y dictará sentencia justa a favor de la gente pobre./ Su palabra derribará al opresor,/ el soplo de sus labios matará al malvado”. (Isaías, 11-1-5).

Ante un mundo secularizado y en algunos aspectos pos cristiano. Resumido como muy bien lo describe el padre Raniero Cantalamessa OFM  en sus meditaciones de Adviento, “en tres puntos: el cientificismo, el secularismo y el racionalismo. Tres tendencias que llevan a un resultado común: el relativismo”.

Hemos convertido la Navidad en la gran época comercial del año, luces multicolores, de cenas especiales, presentes, risas y diversiones. Un desborde autorizado para pasarla muy bien y dar rienda suelta al placer. De esta forma, la Navidad está en la mente de las personas, no como una celebración piadosa sino como un tiempo para dar libertad completa de comer hasta la saciedad, beber, bailar y todo lo que satisfaga los sentidos y los instintos.

Hemos olvidado la imagen del Niño Dios, entre su madre María que es la estrella de la evangelización, porque no llevó una palabra particular a un pueblo, como hicieron los grandes evangelizadores de la historia; llevó la palabra hecha carne y la llevó en su seno, siendo la primera custodia del cuerpo del Señor.  Nunca predicó, no pronunció sino muy pocas palabras, pero estaba llena de Jesús y donde iba expandía el perfume, a tal punto que Juan Bautista lo advirtió desde el vientre de su madre. Y José, ese hombre que se convirtió en pieza clave para el Ministerio de Jesús de reconciliación del hombre con Dios. Entender eso no era tan fácil, humanamente era casi imposible.  ¿Cuántos de nosotros le creeríamos a nuestra prometida o nuestra novia que haya quedado embarazada por obra y gracia del Espíritu Santo?  Pero las cosas que humanamente son difíciles de comprender son fáciles de asimilar en el ámbito espiritual, siempre y cuando exista un corazón justo como el de José.

El espíritu de Navidad ha sido sustituido por un muñeco gordo, barbudo, vestido de rojo, que le llamamos Santa Claus o “Santa”, (que es realmente San Nicolás de Bari), y papá Noel (que es una figura pagana proveniente de las tierras frías de Laponia).

Jesucristo es el único que nos conduce al Padre, Él es “el Dios con nosotros”, “El camino del conocimiento de Dios procede del único Espíritu, a través del único Hijo, hasta el único Padre”.

En otras palabras, en el orden de la creación y del ser, todo partiendo del Padre, pasando por el Hijo y llegando a nosotros en el Espíritu; en el orden de la redención y del conocimiento, todo comenzando con el Espíritu Santo, pasando por el Hijo Jesucristo y volviendo al Padre”.

Jesucristo es el único, es “El Santo de Dios” dos veces resuena esta exclamación dirigida a Jesús en los evangelios (Jn. 6, 69; Lc. 4, 34). El Apocalipsis llama a Cristo simplemente “el Santo” y la liturgia le hace eco exclamando en el Gloria: “Tu solus Sanctus”, solamente tú eres el santo.

Y nosotros los cristianos estamos llamados a llenar ese estado de santidad. Nada mejor que la fiesta de Navidad para recordarlo, nada mejor que la meditación de este misterio para dar un golpe de audacia como lo expresa San Pablo. De lo contrario la fiesta se convierte en una fiesta pagana, en una fiesta secular.  Llena de adornos, llena de imágenes que aparecen, trineos, árboles, muñecos de nieve, árboles esotéricos y muchas cosas más.

Pablo nos enseña cómo se hace este “golpe de audacia”, cuando declara solemnemente de no querer ser encontrado con una justicia suya, o santidad que derive de la observancia de la ley, sino únicamente con aquella de deriva de la fe en Cristo (cf. Fil. 3, 5-10). Cristo, dice, se ha vuelto para nosotros “justicia, santificación y redención” (1 Cor. 1,30). Cada uno de nosotros tiene la libertad para escoger. ¿Cuál quiere que sea el significado de la Navidad? Navidad para los cristianos es: amor, amor de Dios, con nosotros.
El autor es abogado.

Opinión Navidad archivo
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