Lourdes Chamorro César

Morir a destiempo

No hay muerte que sea bien recibida, porque nunca será el tiempo perfecto para decir adiós para siempre. Menos cuando se es joven y con salud. Mucho menos cuando un ser querido muere por un acto criminal, irresponsable y carente de conciencia.

En Nicaragua, cada vez que transitamos, la muerte nos acecha, en cada vía, en cada esquina, en cada curva. Es una constante y atroz amenaza. Que el caballo o las vacas pastando al borde de la carretera; que la caponera a dos kilómetros por hora rebalsada de pasajeros y de provisiones o menaje; que el motociclista sin luces y vestido de color oscuro, sin casco y con toda la familia también sin casco; que los buses que se creen los reyes del transitar, llenos de trabajadores que también exponen sus vidas; que el chavalo que se cruza la autopista sin calcular bien la distancia del carro que viene; que los camiones que aventajan sin importar quién morirá después de la curva; que no se respetan los semáforos; que los encargados de aplicar las leyes de Tránsito solo tienen ojos para los vehículos con buena pinta porque hay que complementar su salario… En fin, este es el panorama de la cotidianidad nicaragüense cada día, a toda hora en cada rincón del país.

No en vano entonces, es que en Nicaragua es ya rutinario morir a destiempo, como también es común que los asesinos queden impunes.

Una vez más, mi familia cae en el luto riguroso del profundo dolor por una muerte arrebatada.

Esta vez, el desgarrador duelo es por un magnífico muchacho de 29 años, talentoso músico y guitarrista, cuyos sueños e ilusiones quedaron tendidos en una vía en la Carretera Sur, por la falta de conciencia del conductor de un bus, que de seguro tiró los dados al aire, al pasar una doble línea continua sin importarle las consecuencias.

Los dados, quizás tirados en repetidas ocasiones, y que de refilón habrían tentado a la muerte, esta vez cayeron a favor del bus, embistiendo el vehículo donde venía mi sobrino Eduardo. Y el conductor, acorazado en la carrocería de un dragón endiablado, furioso, irresponsable, inhumano, y engreído, se encontró de frente con el indefenso David que conducía en la vía correcta, sin imaginarse que al terminar la curva, la muerte lo esperaba.

En un instante, el cielo abrió sus puertas para darle la bienvenida a otro talentoso músico, de los tantos que este año 2016, enriquecieron la orquesta sinfónica de los ángeles.

Entre esos ángeles, está mi sobrina María Angélica, también arrebatada a los 29 años, sin clemencia y a destiempo, y que todavía esperamos justicia por el “suicidio” que le aplicaron inmisericorde, cuya voz estará hoy alabando a Dios y acompañando a Eduardo en la interpretación de alguna melodía celestial.

El sábado 17 de diciembre, día siguiente de la tragedia, mi sobrino y su prometida, celebrarían uno de los días más felices de su vida: su boda. Pero por la irresponsabilidad de un conductor sin conciencia, en vez de sonrisas, hay lágrimas, en vez de un vestido blanco, hay negro por doquier, en vez de altar, hay un ataúd. Solo las flores permanecen inalterables, haciendo guardia al cuerpo inerte de Eduardo Bolaños Morales.

Queda una futura esposa con sus sueños hechos añicos y el vestido de novia listo. Queda un niñito de tres años, que nunca sabrá lo que es jugar beisbol con su papi en el patio de atrás de su hogar.

Queda una madre destrozada, un padre adolorido, dos hermanas despojadas de su único hermano, una familia entera sumida en la más profunda tristeza, unos amigos privados de una hermosa amistad, una banda de música sin su talentoso guitarrista y una sociedad hastiada de este tipo de barbarie que si no se regula y se castiga al culpable, los demás bárbaros, seguirán tirando los dados al aire para ganar unos minutos más, a costa de llevar a la muerte a personas inocentes e indefensas.

La impunidad aplicada a estos crímenes, es inaudita. La irresponsabilidad de estos conductores, debe de ser castigada. Porque morir a destiempo, estoy segura que no está en el perfecto plan de Dios.

Eduardo, descansa en paz.

La autora es escritora.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Cristi
    Hace 9 años

    Muy lamentable este hecho muy doloroso para su familia y amigos, para toda persona que tiene Buenos sentimientos es muy triste también aún sin conocerlos duele la muerte inesperada de unos jóvenes talentosos.Un abrazo de consuelo.

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