Efectos de las pantallas
Gonzalo Cardenal M.

La unidad de los nicaragüenses I

Encontré un artículo de mi amigo Carlos Mántica sobre la unidad que, además de estupendo me parece sumamente apropiado para estos tiempos. Sin embargo, por la limitación periodística del espacio solo les transcribiré a continuación extractos del mismo. Dice “Chale”:

Si los cristianos de Nicaragua buscamos la unidad; la unidad de los nicaragüenses vendrá por añadidura. Porque los nicaragüenses, pese a quien pese, siguen siendo cristianos; porque el Dios a quien servimos es el Señor de la Historia y para Él no hay imposibles

Y porque María su madre, la Reina de la Paz ha puesto sus ojos y sus pies en nuestro valle de lágrimas. Pero no solo afirmamos que esta estrategia es posible sino que es la única estrategia eficaz. En la Liturgia de hoy decimos: “Somos nosotros quienes, bajo la guía de nuestros Pastores, tenemos que demostrar que solo la Unidad Eclesial puede conducir a la Unidad Nacional”.

Quizás sorprenda a muchos el saber que el llamado que se nos presenta hoy es el mismo que nos hiciera a los nicaragüenses su santidad Juan Pablo II en ocasión del Congreso Eucarístico Nacional. En su carta del 12 de noviembre de 1986.

Al  abordar el tema de la unidad, podemos verla solamente como una necesidad o conveniencia; como algo necesario para alcanzar la paz. Sin olvidar que sin unidad la paz es imposible, creo que conviene recordar también que como Iglesia estamos llamados a ser un pueblo distinto de los demás pueblos. Que suponemos ser distintos y que hemos sido llamados, escogidos y separados por Dios para ser un pueblo distinto de los demás pueblos, ciudad edificada en lo alto para ser luz del mundo. Un signo plantado en medio de las naciones.

Por eso nuestro ideal de unidad también es distinto al de los demás pueblos y ha sido dictado por el mismo Dios: Leámoslo en Juan 17:20-23.
“No ruego solo por estos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste para que sean uno, como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí”.
Al escuchar lo anterior nos damos cuenta de repente que Cristo está hablándole al Padre de nosotros. No ora solo por aquellos, sus primeros discípulos, sino por los que por medio de su predicación creerán en Jesucristo; es decir por mí y cada uno de ustedes mis lectores. Y ora para que todos seamos uno. No este con aquel, o aquella con su grupo o los obreros y campesinos entre sí, pero en lucha abierta con los demás, como lo pretendió Marx; o los partidos tales constituidos como uno para ganar unas elecciones, o los miembros armados de una facción para destruir al enemigo, sino para que todos seamos uno.
Tampoco ora para que estemos unidos, sino para que seamos uno. Diez papas unidas en una porra siguen siendo diez papas distintas. Diez papas machacadas, amasadas y cocinadas por Dios hacen un solo puré de papas. Como Dios, que siendo tres personas distintas sin embargo un solo Dios. (Para alcanzar la unidad algo tendrá que ser machacado, aplastado dentro de nosotros).

EL AUTOR ES MIEMBRO DEL CONSEJO DE COORDINADORES DE LA CIUDAD DE DIOS.
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Opinión nicaragüenses unidad archivo
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