La caída de los precios de las materias primas y las crisis en Venezuela y Brasil marcaron un año negativo para Latinoamérica, donde se prevé un leve repunte en 2017, pese al entorno global incierto por posibles medidas proteccionistas de Estados Unidos y la lenta recuperación de las economías avanzadas.
La región se contraerá un 1.1 por ciento en 2016 y sus exportaciones caerán por cuarto año consecutivo, esta vez un cinco por ciento, debido al “menor dinamismo de la demanda mundial” por sus productos y la “creciente incertidumbre” de los mercados, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Este año “continuó conjugándose la debilidad de la demanda interna (inversión y consumo privado) con un contexto de desaceleración de la demanda externa y caída de los precios de exportación. Esto afectó principalmente a las economías de América del Sur”, dijo la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena.
En Suramérica, dependiente de la venta de materias primas, sobre todo de minerales y combustible, se calcula que Venezuela se contraerá por tercer año consecutivo (-9.7 por ciento), seguida de Brasil (-3.6 por ciento), que cumple dos años de caídas; Ecuador (-2 por ciento) y Argentina (-2 por ciento).
Jesús Pineda, director del Centro de Pensamiento en Estrategias Competitivas de la universidad colombiana El Rosario, explicó que los casos más críticos son Venezuela, debido al desplome del precio del petróleo, “el modelo de intervención del Estado y la destrucción de la iniciativa privada”, y Brasil, tras “la profunda crisis política” por la destitución de la presidenta Dilma Rousseff.
Centroamérica se destaca
Las economías que crecerán, aunque en menor medida que en 2015, son las de México (2 por ciento), Bolivia (4 por ciento), Chile (1.6 por ciento), Colombia (2 por ciento), Uruguay (0.6 por ciento) y las naciones de Centroamérica, de acuerdo con Bárcena.
Pese a esa desaceleración, Centroamérica es la subregión más dinámica, con un crecimiento de 3.6 por ciento, impulsada por República Dominicana (6.4 por ciento) y Panamá (5.2 por ciento).
Para el asesor económico principal del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Andrew Powell, este año también influyeron factores externos como “el pobre desempeño de las economías avanzadas”, la lenta recuperación de Estados Unidos y la desaceleración de China.
China, que crecerá cerca de 6.7 por ciento, inferior al promedio de 9.9 por ciento anotado entre 2008 y 2015, es el mayor destino de exportación de Uruguay, Brasil, Chile y Perú, y el segundo de Argentina.
Powell destacó los casos de Perú, que ha apuntado a formalizar el empleo e impulsar las alianzas público-privadas, lo que le llevará a un crecimiento de 3.9 por ciento; y de Argentina, que en el primer año de mandato de Mauricio Macri buscó normalizar el mercado cambiario y alcanzó un acuerdo con fondos por deuda en mora.
2017 dejará el letargo
Para 2017 se espera un repunte regional de 1.3 por ciento, “poniendo fin al bienio contractivo 2015-2016”, indicó la titular de la Cepal.
Los expertos creen que Argentina, Brasil (que promueve un severo ajuste fiscal) y Ecuador lograrán entrar el próximo año a la senda positiva, con crecimientos de 2.3 por ciento, 0.4 por ciento y 0.3 por ciento, respectivamente, mientras que Venezuela, que registra la inflación más alta del mundo, volverá a caer (-4.7 por ciento).
Ante la crisis, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha afirmado que 2016 es “el final” del modelo capitalista “petrolero dependiente” y que 2017 será el primer año del “socialismo productivo”.
Tareas pendientes que harían el cambio
Pese a la posible mejoría, los expertos insisten en que la fórmula de recuperación en Latinoamérica es la “diversificación” y la “integración”.
“Las principales economías de América Latina siguen sin asimilar la caída de precios de productos básicos y mantienen una dificultad para avanzar hacia una mayor diversificación de su canasta productiva, principalmente Colombia”, sostuvo Pineda.
“Y si hoy por hoy la inserción de la región hacia el mundo es compleja, quizás uno de los temas que deberíamos apuntalar con mayor fuerza es justamente el comercio intrarregional”, puntualizó Bárcena en un foro en noviembre.
El desempleo es un reto
La tasa de desempleo en América Latina y el Caribe sufrió un “abrupto” incremento en 2016, hasta el 8.1 por ciento, la más alta de la última década, debido a la “contracción económica que se arrastra de 2015 y se agudizó en 2016”, según informó esta semana la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Estas fueron las principales conclusiones del informe anual Panorama Laboral 2016 de América Latina y el Caribe, presentado en Lima por la OIT, cuyos portavoces indicaron además que “la caída en los precios de las materias primas y la reducción de las demandas” influyó en este mal dato para el empleo regional. “El panorama laboral de la región empeoró en 2016: hay un aumento abrupto de la desocupación, está creciendo la informalidad y bajó la calidad del empleo”, declaró el director regional de la OIT para América Latina y el Caribe, José Manuel Salazar, en la presentación del informe.
Amenazas latentes
En la región sigue latente el temor al alza de las tasas de interés en Estados Unidos, que algunos inversores creen que puede disparar el dólar, restar flujo de dinero al sector bursátil y generar una fuga de capitales en países emergentes.
Y a esto se sumó, en la recta final del año, la incertidumbre por la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, quien prometió poner fin al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), integrado por EE. UU., México y Canadá, y anunció que retirará al país del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), del que forman parte dos países latinoamericanos: Chile y Perú.
Varios Gobiernos han llamado desde entonces a fortalecer la integración frente al proteccionismo y la Cepal señaló que “si no hay TPP se abren espacios para la convergencia entre distintos acuerdos subregionales —como la Alianza del Pacífico y el Mercosur— y también con Centroamérica”.