“Acostumbro leerle a mi padre, de 78 años, su columna y en una ocasión me dijo: decile al doctor que escriba sobre lo que yo tengo que es el tumor benigno de la próstata”.
La próstata es un órgano reproductivo único y exclusivo del sexo masculino. Cuando nace un niño la glándula prostática apenas pesa unos gramos, al surgir la pubertad o “desarrollo” llega alcanzar casi el tamaño de un adulto (20 gramos) y así se conserva hasta los 25 años.
Después de los 40-45 años empieza un segundo aumento de volumen que llega hasta la condición de avanzada ancianidad, pues en la octava década de vida el 90 por ciento tiene Hiperplasia prostática benigna (HPB).
Hay tres formas principales de crecimiento prostático: la HPB llamada tumor benigno, el cáncer y la inflamación aguda o crónica que es la prostatitis.
Los síntomas o molestias derivados del crecimiento prostático surgen por que la glándula estrecha la uretra, que es el canal por donde sale la orina y el semen y que la gente suele llamar “el caño de la orina”.
Los síntomas obstructivos se manifiestan por la pérdida de la fuerza del chorro urinario. Hay vacilación para iniciar la micción y goteo después de que esta termina y a veces franca y grave dificultad para orinar que se llama retención urinaria que obliga a colocar sonda urinaria.
Como consecuencia de irritación hay molestia o ardor para orinar (disuria), sensación imperiosa de querer orinar y hasta orinarse en contra de su voluntad.
El paciente refiere que tiene polaquiuria con nicturia, es decir que se levanta durante la noche varias veces a orinar pero que siempre es muy escasa la micción.
La principal preocupación es detectar a tiempo el cáncer prostático y el chequeo médico periódico es la clave.