Grabados fantásticos de Carlos Barberena son presentados en Chicago

Años de miedo era un homenaje a las víctimas de la guerra y sus secuelas. Una década más tarde volvió a trabajar Carlos Barberena de la Rocha en el mismo concepto, pero ahora lo plasmó en linograbados

Años de miedo era un homenaje a las víctimas de la guerra y sus secuelas. Una década más tarde volvió a trabajar Carlos Barberena de la Rocha en el mismo concepto, pero ahora lo plasmó en linograbados y los exhibió tanto en Managua como en Chicago.

Al observar la serie Años de miedo, me resulta imposible no evocar a tres series de trabajos de tres maestros que han influenciado a Barberena: La edad de la ira, de Guayasamín; La guerra, de Käthe Kollwitz, y Los desastres de la guerra, de Francisco Goya.

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82 grabados al aguafuerte

De este último sabemos que imprimió una serie de 82 grabados al aguafuerte que registraban la visión de la Guerra de Liberación Nacional española contra las tropas de Napoleón Bonaparte, en 1808.

Entonces Goya contaba con 62 años y ya estaba sordo; en su visión muy personal y con gran maestría no solo nos dejó impresos los desastres en que deviene una guerra sino que talló el horror que viven las víctimas y la displicencia de los victimarios.

Los grabados de Barberena, por su lado, intentan aprehender la tragedia de la guerra nicaragüense. A él todavía le tocó vivir la última etapa de la dictadura de Anastasio Somoza a finales de la década de 1970.

Aunque joven, también vivió el triunfo de la Revolución Sandinista e igualmente le tocó ver cómo los laureles de la victoria se comenzaron a marchitar, y tuvo que dejar Nicaragua. Desde Costa Rica observó y vivió la tragedia de los refugiados: el ostracismo, la separación, el racismo, la soledad, el hambre y la sed de justicia.

Pese al exilio, su ideario no se quebró. Continuó creyendo en la filosofía de Augusto César Sandino: ser antimperialista, resistir y llegar a ser hombre libre. Desde esa libertad fue edificando su obra.

Años de miedo es una serie de registros expresionistas que despliegan la desenvoltura de un grabador en ciernes que madura de grabado en grabado y, por el otro, expone una amalgama de emociones crudamente.

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TESTIMONIOS DE LA GUERRA

Cada una de las 25 estampas es un testimonio de guerra. En conjunto, son el reflejo de muchos concentrado en la mirada postrada frente al espejo. El dramatismo de las piezas no es menor al que se sufre en una guerra, en cualquier guerra.

En las matrices, Barberena testimonió con la gubia el hambre, la agonía, el llanto, la inocencia, la maternidad, la tortura, los migrantes, la niña huérfana, el preso político, los heridos de muerte. Con surcos toscos concibió relieves que golpean en el rostro de la estampa y del espectador. Si la realidad ya no es capaz de estremecernos, la obra de arte sí debiera hacerlo.

De las 25 piezas que conforman Años de miedo, sin desfavorecer a las otras, hay una que me perturba: “Angustia”.

Es el retrato de una mujer trazada con surcos escuetos en la plancha. Pareciera que nos está mirando, pero obviamente no ve al espectador.

Su mirada está posada en otra parte. Tal vez en un lugar recóndito donde posiblemente yazca su cónyuge, su hermano o su hija. Es el semblante de la desolación y de la ausencia. Lo que a esa compañera le sucedió no fue por su elección.

Esa mujer vive purgando la pena de haber nacido sin privilegios. Se ha llevado las callosas manos al rostro para silenciar el grito de la consternación y la pérdida. Pese a la desdicha y la miseria, en la representación esta mujer sigue firme. Y aunque la vida se sesga o continúa después de la guerra, esa mujer sigue siendo un fulgor de esperanza.

Esta mujer-madre, mujer-hermana, mujer-amiga se convierte en arquetipo de libertad, de nobleza y de la condición humana. Si separamos este grabado de la serie de piezas de la guerra, esa mujer bien podría personificar el rostro de cualquier abuela de la Plaza de Mayo, una estudiante palestina, una inmigrante de Bangladesh en Arabia Saudita, una activista en Ferguson, Missouri, una madre de Ayotzinapa. Más allá de su esmerada ejecución,

“Angustia” trasciende el tiempo, cruza fronteras y supera nacionalismos.

Después de haber concluido Años de miedo, Barberena volvió a reinventarse y emprendió un diálogo con los clásicos del arte. Hay respeto en la forma e irreverencia en la interpretación. Escogió piezas reconocidas y las intervino. Bien se les podría titular homenajes o, incluso, descargas contrapropagandísticas. Creo que en esta serie intervienen al menos dos características nuevas en la obra de Barberena.

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VE AL MUNDO CON IRONÍA

Uno: rompe con la solemnidad de su obra anterior. Ahora recurre a la sátira, esa que le impresionó en Posada. Comienza a ver al mundo con ironía, con humor, pero siempre lo hace a través de la crítica mordaz. Al exhibir Años de miedo en Chicago, de alguna manera Barberena trajo a estas calles lo que habían sido los siniestros de la guerra causados primero por el apoyo de Estados Unidos a las dictaduras centroamericanas; después, por el embargo y el patrocinio a la contrarrevolución.

Pero Barberena ya estaba creando desde el semillero del neoliberalismo, capilla de Milton Friedman y sus acólitos (los Chicago Boys). Así que Barberena con buril y sarcasmo comienza a capturar las contradicciones culturales y los estragos del capitalismo en su propio granero. O sea, de alguna manera, empieza a incorporar en su obra su experiencia en Chicago. A esta serie la tituló Master Prints (2009-2014).

SIN SEGUIR LAS REGLAS  DEL GREMIO

Dos: aprendió la trascendencia de la propaganda en el arte. Mientras Barberena ensancha sus estudios sobre los maestros grabadores, se encuentra con Albert Durero (1471-1528). Asumo que estudió a este artista del Renacimiento alemán. Durero fue un artista moderno, se rodeó de los intelectuales de su época, supo aprovechar la invención de la imprenta y la usó tanto para difundir su obra como para catequizar con sus imágenes religiosas.

Fue uno de los primeros en tener la conciencia clara sobre el papel del artista y no seguir sometido a las reglas del gremio. Por eso arrebató el grabado de las manos de los artesanos y lo elevó a la altura de las otras artes. Fue pionero en tratar de manera pictórica el grabado. Le dio la misma importancia a las sombras, los volúmenes, las proporciones y la composición.

También se convirtió en el precursor de la propaganda política al reproducir masivamente la efigie del emperador Maximiliano I. A Durero le interesó la religión, pero también su contexto social. En el grabado Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1498) Durero reveló el temor de la gente de finales de siglo. La población creía que el mundo terminaría en el 1500, y en el grabado plasma el temor religioso, el pavor a una crisis social y asimismo critica al poder.

Al intervenir el grabado de Los cuatro jinetes del apocalipsis, Barberena se pregunta: “Si Durero viviera, ¿cuál sería su concepción del mundo?” Lo que pudiera ser una ocurrencia o un juego, no lo es. La visión apocalíptica de Barberena no es un trastorno visual. Ni una idea atrevida, sin ser una obra realista, lo es. Es un reflejo del mundo que vivimos, inundado de propaganda mercantil. Todo tiene patrocinio; o sea, todo se ha privatizado. Se ha encumbrado al lucro por encima de la condición humana.

En la representación de Los cuatro jinetes… y siguiendo el orden según la Biblia y el grabado de Durero: el primero representa al Conquistador (Mickey Mouse), el segundo la Guerra (patrocinado por British Petroleum y Halliburton), el tercero representa la Hambruna (envestido con los logotipos de McDonald’s y en el pecho el de Monsanto) y el cuarto la Muerte (con el símbolo de la radiactividad y la típica guadaña). Bajo los cascos de los enviados por el creador se encuentra el pacifista y los perdedores de la globalización. Y todo este apocalipsis está siendo transmitido en vivo por el Arcángel del mundo Fox.

El espectáculo no puede ser menos real. Es oscuro, los aviones de guerra surcan el cielo, el hongo de la bomba atómica ha vuelto a hincharse. Si leemos el simbolismo en la obra, bien podríamos hacer una lectura nada alentadora de las condiciones actuales del mundo. Las corporaciones son las patrocinadoras de la democracia moderna; la victoria educativa global ha caído bajo la homogeneización cultural de Mickey Mouse y el mundo del espectáculo; el hiperconsumo ha llevado al cambio climático al borde del cataclismo; la represión y la intimidación se han convertido en los medios para quebrantar a quien resiste la uniformidad cultural dominante.

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LOS MIGRANTES

D e ahí que sus piezas tengan fines didácticos. Estos grabados reflejan las inquietudes del artista pero también las comparte el observador que continúa creyendo que es posible crear otro mundo.

Hoy, que vive al norte del río Bravo, Barberena ha ido completando el panorama del fenómeno migratorio con mayor claridad. Aunque este tema ya lo había tocado tanto en dibujo como en pintura, ahora en el grabado nos ha acercado a la tragedia que vive el centroamericano al cruzar México.

Riding the Beast (2012) es una fábula sobre el tiempo que encapsula “la modernidad”: un migrante, que bien puede simbolizar el tiempo presente, va montado en la bestia. A su espalda vislumbramos a sus compañeros de viaje que son esqueletos.

ALEGORÍAS

En la serie Master Prints, Barberena ha consumado su destreza con la gubia y el tórculo como grabador. Entre el juego y el ejercicio, le ha dado la vuelta a la función de la propaganda. Él no busca que el observador compre un producto sino que piense y sonría por nuestra pobre condición. Y al ejercitar el pensamiento se puede llegar a la conciencia.

Aprovecha que el observador reconoce las alegorías y con la misma persuasión que la propaganda opera, la obra estimulará preguntas.

Cultura Carlos Barberena archivo

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