Norman Caldera

¡Trump pudo!

En las elecciones de Estados Unidos, pocos pudieron votar a favor de su candidato favorito. La mayoría parece haber votado por el que le parecía menos malo.

Trump pudo porque muchas mujeres norteamericanas y los afroamericanos, que apoyaron a Obama, no creyeron en su oponente. Algunos estarían cansados de recibir cada cuatro años en noviembre promesas del partido que son olvidadas en diciembre.

Trump pudo porque recibió el apoyo de cristianos evangélicos, mormones y católicos pro-vida en los estados del “cinturón bíblico”.

Trump pudo porque los técnicos y obreros en el “cinturón de la herrumbre”, que normalmente votan por los candidatos demócratas, esta vez se sintieron más atraídos por las políticas de Trump contra la migración y el libre comercio.

Trump pudo porque muchos hispanos se identifican con su país de nacimiento (Estados Unidos) y no con el de sus padres inmigrantes. Por ejemplo, el voto cubano de tercera generación en La Florida hizo mella en un estado que se creía difícil para él.

Trump pudo porque las acusaciones en su contra, orquestadas o no por la campaña de su oponente, parecieron triviales, poco creíbles o menores a los ojos de gran parte del electorado, comparadas con las fallas morales de su oponente y del presunto primer caballero.

Trump pudo porque los medios de comunicación tradicionales, que salvo raras excepciones estaban coludidos con su oponente, han perdido influencia frente a los medios electrónicos de comunicación social. El New York Times le pidió perdón.

Finalmente, Trump pudo porque hizo una campaña inteligente. Concentró esfuerzos en los estados pivote, en aquellos donde sus anuncios y sus visitas podían hacer la diferencia. No desperdició inversión publicitaria en estados que tenía irremediablemente perdidos, ni en el Distrito Federal, el pantano que prometió drenar.

Si las elecciones las ganase quien obtuviera la mayoría del voto popular, su estrategia de campaña, hubiera sido otra, buscando votos y no estados. No es lícito, por lo tanto, argumentar ilegitimidad del resultado en base al voto popular, porque este no era el objetivo perseguido.

Aquí, la abstención triunfó: ganó el voto castigo. A la abstención calculada por partidos y ONG debemos añadir un porcentaje de los empleados públicos que, junto con sus familias, se sintieron obligados a votar por la amenaza real o imaginaria de posibles represalias.

La abstención se basó en el cansancio con un gobierno que ha mandado desde arriba o abajo por casi cuarenta años; el fin de la piñata “pevedésica”; y la contracción del crecimiento económico. Otros se decepcionaron por las promesas incumplidas: Canal, Tumarín y refinería “Sueño de Bolívar”. La población esperaba empleo digno y no láminas de zinc. Esa sería la verdadera victoria.

Se equivocan los que atribuyen parte de esa abstención a un rechazo intrapartidario a la pareja electoral, pues está comprobado que los candidatos vicepresidenciales no mueven votos ni en favor ni en contra.

Nuestro principal socio comercial dijo estar: “profundamente preocupado por las fallidas elecciones presidenciales y legislativas en Nicaragua que precluyeron la posibilidad de tener elecciones justas y libres el 6 de noviembre”.

Por su parte, nuestro principal cooperante “lamenta que el proceso electoral no prestó condiciones para la participación irrestricta de todas las fuerzas políticas y la ausencia de acreditación de observación independiente, tanto nacional como internacional”.

El “Nica Act” puede perjudicar la economía y la gobernabilidad de Nicaragua. La marcha de este jueves  primero de diciembre, coincidente con la visita del Secretario Almagro, presenta una oportunidad para el Gobierno de mostrar propósito de enmienda al permitir la movilización pacífica, controlando sus fuerzas de choque y mostrando prudencia con las fuerzas del orden.

La Unión Europea, el Congreso, el Departamento de Estado y el mundo están pendientes de la respuesta del Gobierno a la marcha y el resultado del diálogo con la OEA. Ambos procesos deberían conducir a un diálogo nacional. ¡Pas-pas!

El autor fue canciller de Nicaragua 2002-2007.

COMENTARIOS

  1. ramon
    Hace 10 años

    El principal problema de Nicaragua es tener una oposicion dividida,sin planes ni programa,es terrible para el pais,Ortega hace las suyas a diestra y siniestra,da la impresion q’se vive en un pais con una organizacion parecida a la q’tienen los narcos,muchos clanes(partidos) y hay pugna por ser el mandamas,medida perfecta para la perpetuidad del clan mayor,el clan Ortega_Murillo,bien abstencion en elecciones y adelante QUE?

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