MODELO ORTEGA
Este régimen debería patentar la forma que tiene de resolver los grandes problemas sociales. Hasta podría tener un nombre que le haga honor a su creador. «Modelo Ortega», propongo yo. El modelo en cuestión es bastante simple. Ni siquiera se necesita estudiar o ir a la universidad para ejecutarlo. Solo habilidad y malicia pura. Una mano muestra el problema social, aquí está y ¡zas! Ya no está. Es como magia.
FEMICIDIOS
Veamos cómo sucede. Hasta hace un par de años, Nicaragua tenía una de las más altas tasas de femicidios de la región. Se cambió al tipología de femicidio, de tal forma que ya no cualquier femicidio puede ser femicidio. Para que un femicidio sea declarado femicidio tiene que cumplir más requisitos que un opositor venezolano para entrar a Nicaragua. Las estadísticas cayeron en picada. Ahora somos uno de los países con menos femicidios de la región. ¿Ven?
ESTADÍSTICAS
La pobreza igual. Se escogió un método para medir la pobreza con el cual una persona con ingresos de 47 córdodas diarios deja de ser pobre y así, en 2014, de un solo plumazo el 70 por ciento de los nicaragüenses dejamos de ser pobres. Bueno, ahora es momento de eliminar también esa vergüenza anual que son los reprobados por el ingreso a la universidades públicas. ¿Se les va a mejorar la educación primaria y secundaria? No, se les va a eliminar el examen de admisión. Pasen, pasen, pasen… Y ya verán que pronto estaremos presumiendo de las estadísticas de ingreso.
SUPOSICIONES
Decía don Roberto Sansón en una entrevista que publicamos en Domingo, que si bien es cierto las elecciones del pasado 6 de noviembre dejaban mucho que desear, a él no le cabe duda de que el Frente Sandinista hubiera ganado estas elecciones aunque fuesen libres y transparentes. Puede que sí, pero también puede que no. Se le olvida al señor Sansón que igual a mucha gente, a la gran mayoría, no le cabía duda de que Hillary Clinton ganaría las elecciones de Estados Unidos o que en el referéndum colombiano se impondría el SI y en Inglaterra ganaría el NO al brexit. ¡Y sucedió totalmente lo contrario a lo que se daba por hecho! Es que para esos son las elecciones, para que el soberano, que es el pueblo, se pronuncie y decida. Si con las suposiciones bastaran qué sentido tendría gastar tanto dinero en votaciones.
SORPRESAS
Igual sucedió en Nicaragua en 1990. La gran mayoría suponíamos que Daniel Ortega ganaría de calle. A doña Violeta le veíamos poco chance. El mismo Ortega estaba confiado y convencido que no estaba en juego el poder revolucionario. Para él las lecciones solo eran un tonto trámite para sobrevivir. Pero perdió. Porque cuando los ciudadanos saben que su voto es secreto, que vale lo mismo el de una ama de casa que el de un sindicalista, y que se va a contar uno a uno y va a decidir quién es quién, se producen esas sorpresas. Esa lección la aprendió Ortega, quien desde entonces comenzó a trabajar en un aparato electoral que no le permitiera perder. Sin sorpresas. Controla desde la totalidad de funcionarios electorales hasta los observadores, pasando por los fiscales, propios y ajenos, y los partidos opositores. ¿Cómo puede perder? Podríamos habernos quedado en casa todos los nicaragüenses y él habría ganado igual por abrumadora cantidad de votos.
OPOSICIÓN
Pero como siempre, la culpa no es de Ortega, la culpa es de la oposición. Hemos convertido a la oposición en el pararrayos donde clavamos nuestros rencores y liberamos nuestras culpa, porque pase lo que pase aquí en Nicaragua, todo es culpa de la oposición, sin que podamos definir qué realmente es oposición y aun a sabiendas que en eso que llamamos oposición ni están todos los que son ni son todos los que están.
CABALLOS DE TROYA
Preguntémonos una vez más ¿por qué no se ha podido unir la oposición en Nicaragua? Porque siempre a la hora en que se habla de unidad, quienes más fuerte gritan son aquellos mismos que luego estarán, desde adentro, haciendo todo para desbaratarla. Son los caballos de Troya. Y es ahí cuando decimos, a veces con candor: «Ve, ahí están otra vez en pleitos de perros» como si fuese por su naturaleza que dinamitan y degeneran cualquier asomo de oposición, cuando en realidad esa es la tarea por la que cobrarán después.