Pasaron las votaciones y aún no se conocen ideas o planes formales sobre cómo se enfrentarán los problemas educativos que nos aquejan.
Cierto que hay mejoras, pero muchas dificultades se arrastran desde hace décadas afectando mayormente a quienes por estar en pobreza necesitan una educación de calidad para superarla.
La tasa de graduación de sexto grado es la inferior de Centroamérica. La preparación promedio de nuestros maestros es de solo trece años, por lo que se confía la educación de nuestros futuros ciudadanos a maestros poco preparados. A pesar de que la formación docente no es óptima y las remuneraciones 10 a 25 por ciento inferiores a las de otras profesiones de igual nivel, hay muchísimos maestros motivados a enseñar. No obstante, en múltiples estudios en los que he participado, cuando se pregunta a esos maestros dónde se ven en cinco años, la mayoría contesta “fuera de la docencia”.
En alto número de escuelas rurales, urbanas y del Caribe, nuestros estudiantes no están aprendiendo a leer tempranamente. Aquellos que lo logran antes de segundo grado con la necesaria fluidez, continúan con dificultades para comprender lo que leen.
Las causas de estos problemas son muchas. Una de las más importantes es la escasa prioridad que los gobiernos dan a la educación, aun cuando han contado con capacidades presupuestarias y humanas para hacerlo.
Es innegable que la superación de las deficiencias educacionales no es solo responsabilidad de quienes gobiernan sino también de la familia. Un niño o niña con una limitada capacidad de comunicación oral difícilmente leerá y escribirá con facilidad. Para desarrollar el lenguaje oral madres, padres, hermanos, etc., deben platicarle, cantarle y contarles historias a los niños; hacer y responder preguntas es también muy importante. La cultura oral y el juego son clave en el desarrollo integral del bebé.
Diversos estudios indican que los niños en hogares pobres, con madres de baja escolaridad, quienes habitan en casas donde faltan cuentos, libros, revistas, etc., ingresan con grandes desventajas a la escuela. Un análisis de investigaciones realizadas en varios países de América Latina —uno de ellos Nicaragua—, muestra que hay una importante brecha de conocimientos entre los niños en pobreza menores de cinco años y sus pares provenientes de hogares ricos. No en balde la tasa de graduación de sexto grado es del 23 por ciento para los estudiantes de hogares en pobreza, siendo superior al 90 por ciento para quienes vienen de hogares más ricos.
Pero, por muy importante que sea el rol de la familia, es también crucial reconocer que los gobiernos —cualquiera sea su signo— han tenido y tienen una enorme responsabilidad en problemas educativos que al no solucionarse reproducen la desigualdad.
Los gobiernos pueden incidir en mejorar prácticas de crianza familiares. Y aquí, la oferta de programas de educación parental desde que las madres están embarazadas —por citar un ejemplo—, no ha sido sostenida lo suficiente. Me satisfizo mucho la introducción del programa Amor para los más Chiquitos, pero por unos años dejó de oírse del mismo, hasta recién leí en internet que se está relanzando. ¿Por qué esa intermitencia? Los primeros años en la vida de un niño hacen una enorme diferencia en su futuro. En esos años es importante cuidarles integralmente, fomentando que sus madres les den lactancia exclusiva por más de seis meses (el promedio en zonas urbanas no supera tres meses), les lean, hagan rimas, les den comidas nutritivas y no chiverías y les traten con respeto y cariño.
En la última década el servicio de preescolar se ha ampliado. No obstante, el promedio nacional un tanto superior al 60 por ciento, oculta la marginación de la niñez en las Regiones Autónomas y en zonas rurales. Para muestra un botón: el año pasado un estudio en el cual participé cubriendo las zonas de La Guinea, El Ayote y El Rama, indicaba que solo el 23 por ciento de los niños cursando el primer grado habían ido a preescolar. En 2010 solo el 4 por ciento de los niños miskitos había logrado cursar tercer nivel de preescolar. Si esos niños vienen de hogares uniparentales, con madres de nivel escolar limitado y habitan donde la oferta de preescolar es escasa, ¿qué oportunidades tienen para entrar a la escuela con menor desventaja?
La falta de cobertura de preescolar en zonas más pobres y aisladas del país perpetúa el analfabetismo y la pobreza. Está demostrado que primer grado es el momento de oro para aprender a leer; pero si se utiliza ese grado como un preescolar —como he visto que se hace—, estamos limitando la oportunidad de los niños de aprovechar esa ventana importante para desarrollar la compleja habilidad de descifrar palabras e iniciar el proceso de la comunicación escrita.
En el Caribe, la educación intercultural bilingüe iniciada en los ochenta —importantísima decisión a favor de la equidad—, ha decaído sensiblemente. Muchísimas escuelas de la zona carecen de libros en la lengua materna de los niños. Un tercio de las maestras de la Región Autónoma Sur, según datos recientes, imparten clases en una lengua que no es la suya.
Y así pudiera continuar dando datos preocupantes de una realidad que considero debe ser atendida con urgencia.
No se trata de culpar a nadie en particular. Este es un problema histórico heredado de gobierno en gobierno. Pero la educación y su calidad nos concierne a todos. Ser analfabeto en este siglo equivale a muerte cívica y económica. Los niños que no aprenden a leer antes de 4to grado y se marchan de la escuela, son por desgracia quienes engrosarán las filas del analfabetismo y estarán condenados a la pobreza de por vida.
Debemos unirnos gobierno, ciudadanos y sociedad, para lograr que la educación sea una prioridad, invertir más en la misma, incrementar y mejorar los servicios para los niños de 0 a 5 años, elevar la calidad de la escuela primaria; formar y pagar mejor a nuestros maestros. Quedarnos indiferentes es hipotecar el futuro de este país.
La autora es educadora.