En democracia la responsabilidad de una elección libre, honesta y transparente como fueron las elecciones de 1990, es una obligación cívica que ellos, los sandinistas, se resisten a entender porque nunca les ha interesado la democracia ya que se formaron con principios marxistas que han quedado olvidados en el pasado por ser obsoletos en esta nueva coyuntura social y política de la humanidad y que solo pretenden engañarnos con la retórica de una revolución que tanto le costó a este pueblo y que dejó de existir desde la década de los noventa.
Por eso es necesario que las fuerzas dispersas que luchan cívicamente para que no vuelva ese pasado oprobioso, le refresquen la memoria a este sufrido pueblo y a la nueva juventud, que las reelecciones han provocado a lo largo de la historia sangre, dolor y muerte de personas valiosas que lucharon por la búsqueda de la instauración firme de la democracia, la que nos ha sido arrebatada por un dúo de cuervos perversos socios del pacto funesto y que sigue manchando el azul celeste de nuestra amada patria.
Hoy, nuestra campaña debe estar dirigida para construir una alternativa diferente en que la República se construya en base a ciudadanos nicaragüenses impregnados de valores, decentes, dignos, sensibles y respetuosos de los derechos humanos y políticos, dentro de una república en la que prevalezca el Estado de derecho y donde prime la independencia institucional, la que ha sido socavada en el curso de la historia por aquellos dictadores déspotas, enemigos de la libertad y de la democracia.
Que la promoción de estos valores es un compromiso que asumimos y que pasa por oponerse al pacto, a la reelección y a no permitir que le roben la voluntad de elegir libremente a todos los nicaragüenses.
Los sandinistas siguen siendo los mismos de siempre, enemigos de la libertad, de la justicia y en especial de la democracia. La lucha no ha terminado, hay que continuar en la búsqueda de la república donde reine el estado de derecho, una Nicaragua inspirada en la libertad y la democracia donde todo individuo tenga derecho a la vida para satisfacer al menos los derechos indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad. En 1990 descendió el telón sobre uno de los períodos más negros de la historia de Nicaragua, un período que había durado diez años: la dictadura del FSLN. Esta dictadura que tanto criticó a Somoza por los crímenes y corrupción cometidos, ellos lo hicieron peor en tan solo esa década con sus doctrinas comunistas, sistema cruel y fracasado que es el causante del nivel de deuda que dejaron por un monto de 11,500 millones de dólares, deuda que se constituyó en un obstáculo fundamental para el desarrollo y crecimiento sostenible de la economía y mejoramiento del nivel de vida del nicaragüense, deuda que el gobierno eficaz y reconciliador de doña Violeta Barrios de Chamorro logró reducir a 6,500 millones muy a pesar de los múltiples obstáculos que el Frente interpuso a ese logro económico.
Finalmente, las lecciones experimentadas a través de nuestra historia deben servirnos de escarmiento a fin de mejorar nuestra maltratada Nicaragua que tanto se lo merece para vivir en paz y tranquilidad. Nuestros problemas de subdesarrollo no lo solucionará ningún programa de ajuste estructural, ni siquiera el hecho de que Venezuela nos condone toda la deuda, la solución está en nosotros mismos para definir qué país queremos y retomando las palabras de un connotado presidente norteamericano: qué vamos a hacer por él.
Un gran vuelo de cuervos malvados mancha el azul celeste de nuestra querida Nicaragua, abajo la dictadura, viva la democracia.
El autor es exasesor Tributario DGI.