Aunque ya en tres de mis reflexiones de los sábados publicadas en LA PRENSA me he referido someramente al nuevo peligro de La Ideología de Género (La Radicalidad del Cristianismo, El Relativismo, y Aterrizando), y lo hice más a fondo el 30 de mayo con El Feminismo Radical, algunas personas me han pedido que les explique más claramente cómo es esa ideología, cosa que voy a tratar de completar hoy para ustedes. Igualmente, voy a publicar dentro de unas semanas sobre La Nueva Era de la que también me han pedido que profundice.
Las feministas “de género” sostienen que el sexo es un producto social, que una mujer es mujer porque se viste con faldas y porque cuando estaba chiquita le daban muñecas para jugar, y que el hombre es hombre porque lo vistieron con pantalones y le dieron un carrito de juguete. Por eso es que ahora en un país de Europa los catálogos de juguetes deben presentar a niños jugando con muñecas y a muchachas con pistolas y rifles.
Pero a pesar de la fuerza propagandista del feminismo, este solo ha resultado en una confusión masiva. Hoy hombres y mujeres no tienen ni idea quién debe hacer qué. Y parece mentira, pero una buena parte de los legisladores y formadores de la opinión pública, ya han sido seducidos a esa causa. Cuentan además con cuantiosos recursos financieros de instituciones de prestigio mundial como las Naciones Unidas.
Todo este disparate se da a pesar de que es evidente que no solo son diferentes en lo físico sino que difieren en casi todas las formas en que se relacionan. Tienen diferentes habilidades comunicativas, diferentes reacciones emocionales. Sin embargo, el hecho de que seamos diferentes no significa que uno es mejor que el otro. En realidad, la propia existencia de la humanidad depende de esas diferencias. Esas diferencias son complementarias y son parte de la riqueza y designio de la humanidad.
Pero no conviene generalizar. Hay muchos matices de feminismo, desde los que iniciaron a mediados del siglo pasado su legítimo movimiento (a favor de una legítima igualdad en cuanto a justicia salarial, política, y de oportunidades), hasta lo que tenemos ahora, en que ideologías más agresivas y extremistas, como “la de género” progresivamente han venido suplantando a las originales con una tendencia declarada, no de justicia, sino de odio hacia los hombres, y que su meta ya no es la de igualarse a ellos, sino la de suplantarlos totalmente en sus roles tradicionales por “inadecuados e inútiles”. Curiosamente odian también a las mujeres femeninas a quienes consideran traidoras.
Sobre el odio hacia los hombres, escuchen unas cuantas declaraciones escritas de representativas de las más connotadas lideresas del movimiento de género:
“Yo creo que el odiar a los hombres es un acto político honorable, que las oprimidas tienen el derecho de clase de odiar a la clase que las oprime”. Robin Morgan, editora de la revista Ms. La más representativa del movimiento.
“Yo quiero ver a un hombre golpeado hasta convertirse en una masa sanguinolenta con un zapato tacón alto ensartado en la boca, como una manzana en la boca de un cerdo”. Andrea Dworkin.
“Entre más famosa y poderosa me convierto obtengo más poder para dañar a los hombres”. Sharon Stone.
“La proporción de hombres debe ser reducida a aproximadamente al 10 por ciento de la raza humana”. Sally Miller Gearhart.
Si ustedes consideran que estas declaraciones se han pasado de la raya por agresivas y radicales, sepan que tengo otras impublicables por lo vulgar y extremistas.
El auto es miembro del consejo de Coordinador de la Ciudad de Dios
[email protected]