De manera abundante se está hablando de “una estrategia para ahora y después de las elecciones”, pero la verdad es que se está confundiendo la táctica con la estrategia, y viceversa, al mismo tiempo que la táctica se reduce a una sola forma de lucha, la cual se emplearía per sécula seculorum, independientemente de los cambios coyunturales.
Los intelectuales del sandinismo renovado, no plantean nada original ni novedoso, lo que demuestra que no tienen capacidad para crear ni inventar una estrategia auténticamente propia. En lo que proponen se deja entrever la influencia del trotskismo, lo cual supone crear un partido de vanguardia conformado por una minoría de cuadros organizados, actuando por encima de las masas con consignas alrededor de sus necesidades inmediatas para movilizarlas, haciéndolas coincidir o articulándolas con las exigencias políticas.
Hablan de inmovilismo, pero la táctica que proponen está basada en actividades que invitan a la pasividad (marcha de candelas, vigilias, plantones, bailatón, etc.), propias para los pueblos donde prevalece una alta cultura y educación como en Europa, pero no para un país sin mucha educación, con una cultura basada en la imposición, la fuerza.
Si bien es cierto, el inmovilismo no es la solución, tampoco lo es el activismo estéril, el cual hace lucir a la dictadura del sandinismo orteguista incólume, al plantearse acciones abiertas, que resultan raquíticas de apoyo popular y más bien dan la imagen de una oposición débil.
Sin embargo, insisten en proponer esa táctica, a pesar que ya se utilizó en algunos miércoles de protesta, y no tuvo ninguna resonancia, no hubo ningún desbordamiento popular, ni tuvo ninguna incidencia en las políticas públicas.
Habría que recordar su procedencia de la Coordinadora Civil, una aglutinación de organismos de la sociedad civil, que controlaba el sandinismo renovado, la cual durante los gobiernos democráticos, gastó millones de dólares para crear una cultura democrática. Cabe preguntarles: ¿dónde están luchando por el restablecimiento de la democracia, esas miles de personas que recibieron esa cultura democrática?
Algunos ingenuos, han caído en una propaganda hábilmente manejada que la señala como algo original y distinto, como una promesa y una esperanza. Se habla de nuevas alianzas, con nuevos liderazgos, pero son los mismos actores; solo que ahora han sufrido una metamorfosis y se convirtieron en unos “hombres heroicos e idealistas” que van a impulsar aquí un proceso de lucha ejemplar y paradigmático, que conducirá a una nueva Arcadia de utopía democrática y de justicia social.
Falsas y engañosas expectativas, pues ni el esbozo de estrategia, que no es más que una versión trotskista, ni la táctica basada en un activismo estéril, tienen nada de originalidad y novedoso. Y si ese fuese el derrotero seguro y exitoso a seguir, tal como lo proponen los sandinistas renovados, no estaría la Coordinadora Civil fracasada y desarticulada. Nihil Novum Sub Sole. Nada nuevo bajo el sol.
Asimismo, cabe recordar que ya intentaron una maniobra similar para desplazar a la oposición democrática en lo que llamaron Unir, pero que no dio resultados.
Jamás se había visto una alianza en donde una organización promueve actitudes sectarias de sus miembros para atacar y socavar la autoridad moral del liderazgo de otro aliado ante sus bases, bajo pretextos de posibles escenarios políticos, que solo son especulaciones o con escritos que refuerzan acusaciones de la dictadura.
Ahora, si de especulaciones se trata, bien podríamos especular también que el sandinismo renovado tiene un arreglo por debajo de la mesa con el sandinismo orteguista y que este último le estaría favoreciendo con desaparecer del escenario político a Montealegre y a la Coalición Nacional por la Democracia, para que ellos tomen el control de la oposición política. Así, el sandinismo orteguista les entregaría el poder y los renovados se encargarían de encubrir sus actos de corrupción.
El autor es Secretario Político del Partido Social Demócrata.