Los seres humanos realizamos cientos de actividades todos los días y hay algunas que pueden reducir la agilidad de nuestro cerebro. Según El País, un ejemplo claro es la multitarea: hablar y manejar o leer un correo electrónico mientras hace tareas. “Cambiar de actividad una y otra vez no permite profundizar demasiado. Acabamos partiendo de cero cada vez y, como resultado, los pensamientos son más superficiales”, destaca.
Otro ejemplo es vivir en la ciudad. Según una investigación de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, las personas que viven en la ciudad tienen un mayor porcentaje de riesgo de padecer ansiedad, trastornos de su estado de ánimo, estrés y enfermedades mentales en el futuro. Y por último, ser negativo. La Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford asegura que el hipocampo es sensible a los estímulos negativos. El emprendedor británico Trevor Blake aconseja alejarse de este tipo de personas porque “si las escucha durante más de media hora su nivel de cortisol se eleva como respuesta al estrés, lo que dificulta las sinapsis y acelera la muerte celular”.