Esta semana se ha conmemorado el décimo aniversario de un memorable discurso que pronunció el papa Benedicto XVI en la universidad de Ratisbona, una de las más prestigiosas instituciones alemanas de educación superior.
En su conferencia magistral titulada Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones, dictada el 12 de septiembre de 2016, el papa emérito sustentó la tesis de que la fe en la razón “garantiza la vida, los derechos humanos y la oportunidad de vivir entre diferentes religiones”. La fe y la razón son las dos alas que le permiten al hombre volar, reflexionó Benedicto, juntas forman “una herramienta para conocer la verdad que se aplica a todos”, sean cristianos o musulmanes.
Por aquel discurso Benedicto XVI fue víctima de una injusta campaña global de descrédito, sobre todo porque citó a un emperador bizantino quien dijera que Mahoma, el profeta del islamismo, había promovido el odio y la violencia contra los creyentes de otras religiones.
Benedicto XVI recordó que en 1391 el emperador cristiano de Bizancio, Manuel II Paleólogo, discutiendo con un erudito persa le dijo: “Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su directriz de difundir por medio de la espada la fe que predicaba”.
Benedicto XVI hizo muy bien, como jefe de la Iglesia católica, en citar lo dicho por aquel emperador bizantino, quien dijo también que “la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. Quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas”.
Esos recuerdos y reflexiones son muy pertinentes en la actualidad, cuando el mundo está sufriendo una despiadada guerra terrorista que se pretende justificar como mandato de la religión islámica. Benedicto XVI no culpa a todos los creyentes musulmanes por el terrorismo que algunos practican en nombre del islam; ni plantea que la islámica es por sí misma una religión de odio, violencia y muerte. Lo que explicó fue que actuar contra la razón es contrario a la naturaleza de Dios, como advirtió Manuel II Paleólogo; y razonó que el diálogo de las culturas religiosas debe estar presidido por la amplitud de la razón y reconocer el daño que le ha hecho al islam, la separación de la fe y la razón.
Lo que se deduce de este planteamiento de Benedicto XVI es que quienes practican el terrorismo en nombre de una religión —en este caso del islam, pero igual se diría si fuese cualquier otra—, son contrarios a la razón. Que ninguna religión debe ser utilizada como instrumento del odio, la violencia y la guerra en cualquier forma, que derivan de la irracionalidad.
La lección de Benedicto XVI en Ratisbona fue que el islam tiene que liberarse del fundamentalismo que promueve y justifica el terrorismo. Y debe de actuar sinceramente con los cristianos y creyentes en las demás religiones, para poder construir juntos el mundo pacífico que merece y necesita la humanidad.