Se dice en la encuesta más reciente de la firma M&R Consultores, dada a conocer a principios de esta semana, que el 76.8 por ciento de los nicaragüenses están dispuestos a votar el 6 de noviembre. Solo el 20.3 por ciento declara que no irá a votar en esos comicios que, para muchos, serán una farsa electoral como las que montaba el somocismo y montó la primera dictadura sandinista, en 1984.
La encuesta, que se supone representa la opinión de todos los nicaragüenses, fue levantada a fines de agosto y principios de septiembre. En ella el 45.1 por ciento dice tener mucha confianza en las próximas elecciones y otro 27.7 por ciento que tiene alguna confianza. Sumados los muy confiados a los algo confiados, el 72.8 por ciento confía mucho y algo en que esos comicios serán transparentes. En cambio, solo el 20.3 por ciento de todos los encuestados declaró que no tiene ninguna confianza en las votaciones que tendrán lugar el primer domingo de noviembre.
Según la mencionada encuesta, en junio pasado el 44.9 por ciento de las personas consultadas tenía mucha confianza en las elecciones y en agosto el porcentaje subió a 45.1 por ciento. Curiosamente, eso significa que después que el régimen orteguista eliminó de la participación electoral a la principal fuerza opositora —que en las elecciones anteriores obtuvo 778,889 votos equivalentes al 31 por ciento del total—, la confianza de la población en las elecciones aumentó, cuando lo lógico era que disminuyera. Por contradicciones como esta es que algunos analistas dicen que ciertas estadísticas y encuestas parecen cosa de magia.
Por otra parte, el 20.2 por ciento de los ciudadanos que según la encuesta no están dispuestos a votar el 6 de noviembre, coincide con el 20.3 por ciento que dice no tener ninguna confianza en las elecciones. Y esto se corresponde, según la firma encuestadora, con la media histórica de abstención desde 1984 y por lo tanto estima que en cualquier caso la ausencia electoral en las próximas elecciones no pasará del 30 por ciento.
Cuánto de ese 30 por ciento será abstención por indiferencia y cuánto por rechazo a la farsa electoral y al régimen orteguista, no es posible saberlo. Sin embargo, desde una perspectiva democrática se puede considerar estos datos como prueba de que la conciencia política de los nicaragüenses ha resistido bastante el avance de la dictadura orteguista, la cual ha socavado la institucionalidad democrática y diezmado a la oposición política partidista que es una institución indispensable de la democracia.
En todos los países dominados por regímenes totalitarios y autoritarios más del 90 por ciento de las personas tiene que simular que confía en las farsas electorales. Así es en Cuba, China, Corea del Norte, Zimbabue y otras satrapías que quedan en el mundo para afrenta de la humanidad.
De manera que si en la Nicaragua orteguista hasta un treinta por ciento de los ciudadanos tiene conciencia democrática y, por lo tanto, no participa en la farsa electoral de noviembre, eso sería una noticia muy buena, alentadora para la aspiración a recuperar la democracia perdida y lograr que Nicaragua vuelva a ser República.