Hace exactamente un año, AmCham sirvió de plataforma para conocer de primera mano la conferencia que nos brindó el vicepresidente de AACCLA y CEO AmCham Perú, Aldo Defilippi —la voz de la experiencia sobre el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica, conocido por sus siglas en inglés como TPP—, tema que ha merecido a partir de ello, un amplio debate en la comunidad de negocios en nuestro país y también por las autoridades de gobierno. Y aunque el ingreso de nuestro país (y de Centroamérica), no está a la vuelta de la esquina, tenemos el tiempo para prepararnos.
Robert Manogue, director de la Oficina de Comercio Bilateral del Departamento de Estados de los Estados Unidos (EE. UU.), analizó el tema recientemente en un evento organizado por el Incae y dijo que “el TPP trae para Nicaragua, el reto que en un período de diez a doce años, eleve sus rendimientos y sea más productiva”, aclarando que la gran mayoría de los productos que Nicaragua exporta a EE. UU. continuarán gozando —por una década o más— de ventajas arancelarias importantes en productos similares exportados bajo el TPP, lo que ha tranquilizado a nuestro país, por ahora.
Pero, ¿qué es el TPP? Para darnos una idea resumida, es un bloque comercial —iniciado por Chile, Brunéi, Nueva Zelandia y Singapur— e impulsado ahora por otros ochos países: Australia, Canadá, EE. UU., Japón, Malasia, México, Perú y Vietnam; que representan un mercado potencial de 805 millones de consumidores, y que a su vez, concentran el 40 por ciento del PIB mundial, que compran el 27 por ciento de las importaciones en el mundo (USD 5.2 billones), además de exportar el 25 por ciento del total global (USD 4.3 billones). Para comprender un poco mejor esa cantidad interminable de ceros de millones de millones, basta saber que —entre los 12 países—, comercian 222 millones de dólares cada hora, igual a 4 millones de dólares por minuto.
El TPP tiene cuatro características principales: 1) Mejora el acceso a mercados: elimina o reduce las barreras arancelarias en seis nuevos mercados y profundiza los beneficios que ya tenemos en cinco países con los que ya se ha firmado un tratado; 2) Aborda nuevos desafíos comerciales: promueve la innovación, la productividad y la competitividad; 3) Comercio incluyente: incorpora nuevos elementos para asegurar que las economías de cualquier nivel de desarrollo y empresas de cualquier tamaño, particularmente las Pymes, puedan beneficiarse del comercio, y 4) Se convierte en una plataforma para la integración regional: busca potenciar el encadenamiento productivo, y que otras economías eventualmente se integren.
Para que Nicaragua (y Centroamérica) forme parte del TPP, falta mucho tiempo, pero hay que prepararse. Es por ello que saludamos la realización reciente de un encuentro académico con el jefe negociador del TPP por Chile y del director general de Comercio Internacional de México, en el que participaron pequeños, medianos y grandes exportadores, gremios de trabajadores y representantes gremiales. Todo eso está muy bien, pero no podemos olvidar tampoco lo que nos dijo en el Incae Robert Manogue: “Los países miembros deben tener un sistema judicial que sea justo y transparente; deben poseer un sólido Estado de Derecho, así como el contar con un cuerpo de leyes que sean justas y se apliquen correctamente”. Ese es uno de nuestros principales retos.
El autor es Presidente de la Junta Directiva de AmCham.