Los tres títulos anteriores al arrebatado a Carlos Cuadras, tuvieron el mismo sentido de drama y protagonismo. Todos antes del cuarto ocurrieron en un mismo lugar: Japón, era el país que había visto coronar a González, primero con Yutaka Niida, luego ante Francisco Rosas y Akira Yaegashi, hasta ahora culminar en Los Ángeles, Estados Unidos con el cuarto título soñado por el deporte nicaragüense. Aquí te presentamos la ruta del tetracampeonato del nicaragüense.
Noquea a Niida
En el centro del ring hay un hombre llorando como un niño, en la esquina la figura destrozada de un excampeón, con el rostro hundido entre las manos. Yutaka Niida no parecía estar al borde del nocaut, sino de la muerte boxística, Román “Chocolatito” González la noche del 15 de septiembre en Japón, trató insistentemente con golpes borrar la marca de la derrota con la que vino al mundo, ya no será más la parábola del joven pobre, salió de ser plebeyo al noquear en el cuarto asalto y adueñarse de la corona mundial de las 105 libras de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).
En ese cuarto y último asalto, “Chocolatito” aprendió a oler como las fieras el decaimiento más imperceptible de su presa, atacó despiadadamente. Salió dispuesto a terminar con el combate, al punto que no dejó tirar a Niida, lo acorraló y dejó caer un torbellino de combinaciones, el nipón estaba recibiendo golpes por todos lados y cuando logra responder, son golpes sin vitalidad, los suspiros finales antes de morir.
Niida se vuelve a quedar fijo y González aterriza dos volados de derecha que hacen erupcionar el ojo izquierdo del campeón, el réferi Mark Nelson interfiere y llama al médico del encuentro, quien no soportó la imagen del japonés, ojo derecho inflamado y cerrado, nariz con torrente de sangre, ceja izquierda partida y moretones por toda la cara ¡Fin del combate!
En las tarjetas los tres jueces tenían 30-27 por delante al pinolero. Sabíamos de la calidad de González, pero esa noche demostró ser más grande de lo que lo imaginábamos, había nacido un héroe del deporte con proyecciones ilimitadas.
Rosas destruido
De Francisco “La Chiquita” Rosas en la segunda pelea realizada en Tokio, Japón, el 24 de octubre de 2010, no quedó el menor vestigio, ni tan siquiera su sangre en el guante de “Chocolatito”, donde Román ponía el ojo ponía el puño, el cuerpo del azteca vibraba como una pera loca.
El ataque del nicaragüense desde el primer asalto fue impecable en la armonización de sus movimientos y el peso de sus combinaciones. Luego de un primer asalto lleno de avisos de cómo sería el final de Rosas, en el segundo cumplió su palabra de noquearlo.
Caído tres veces en la lona, impotente de responder, sin la capacidad de despeinar a González, el referí dijo basta, sin problemas estomacales Román, Rosas es simplemente un peleador de relleno en carteleras para que los campeones de verdad luzcan su brillantes en el cuadrilátero.
El nicaragüense mostró el olfato noqueador, ese olor a victoria aplastante, desplegó su furia y se convirtió en bicampeón mundial. Había ganado el cetro interino de las 108 libras de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) que más tarde se convirtió en título absoluto cuando el argentino Juan Carlos Reveco huyó del nicaragüense.
El samurai Yaegash colapsado
El 5 de septiembre de 2014, “Chocolatito” entró a los libros gloriosos del deporte nicaragüense, cuando noqueó en el noveno asalto al japonés Akira Yaegashi y se alzó con el título de las 112 libras del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Fue una pelea cruenta, complicada, donde Román soportó la pegada constante del japonés que llegó a plantarse en el centro del ring a matar o morir, sin embargo la muerte del combate le llegó, después de haber caído en el tercer asalto por el cruzado a la mandíbula de González, y luego cuando el réferi se apiadó de él, decretando el nocaut técnico en el noveno.
El resto es historia… Cuadras se dio su trono, su principado terminó siendo añicos.