Es importante que los árboles no impidan ver el bosque. El tema de las elecciones y sus derivados —votar o no votar— sólo puede entenderse si lo vemos desde la perspectiva de la agenda política de Ortega. El punto de partida es entender su esencia. ¿Cuál es esta?: sencillamente; “Ortegas forever”. Que simplemente Ortega no está dispuesto a entregar el poder”
Tomás Borge lo expresó claramente: “Todo puede pasar aquí, menos que el Frente Sandinista pierda el poder… cueste lo que cueste, digan lo que digan, lo único que no podemos perder, es el poder…” El complemento instrumental de esta agenda es que Ortega tampoco está dispuesto a soltar el control de ninguno de los poderes del Estado; todos deben ser instrumentos fieles de su voluntad.
Si se entiende esto se entiende lo demás. Las elecciones serán pantomimas porque Ortega no permitirá ninguna donde arriesgue su poder y dominio. Independientemente de cuántos y cómo voten, Ortega ganará con más del 60 por ciento de los votos —o con el mínimo para reformar la Constitución—. Por eso eliminó al PLI de Montealegre, por ser el único que podía alzarse con más de un tercio de los diputados. El calculó que ninguno de los partiditos apermisados para participar, puede obtener más votos de los que concedió al PLI con Fabio Gadea. Por eso también rechazó la observación internacional, para facilitar las trampas en secreto, en caso que algo le falle. Por eso mantuvo el mismo Consejo Supremo Electoral, por su maestría en fraudes electorales. El no deja nada al azar.
Quien piense que a través de elecciones se puede debilitar el poder de Ortega, se hace ilusiones. El ya cerró la vía electoral. Lo que queda es un remedo, una farsa que todavía monta para no llegar al descaro total de eliminar las elecciones, como en Cuba.
¿Qué hacer? Desvirtuada la vía electoral, la oposición debe buscar como deslegitimar la dictadura; nacional e internacionalmente. Un gobierno percibido como ilegítimo, es decir, como producto de la fuerza o el fraude, pero no de la ley o la voluntad libre del pueblo, es un gobierno más frágil, sobre todo, cuando depende mucho de la ayuda y buenas relaciones internacionales, como es nuestro caso.
La pérdida de legitimidad no necesariamente bota un gobierno. Pero si lo mina a largo plazo, haciéndolo más vulnerable a los cambios de fortuna; a “los imponderables”. Un factor decisivo en la caída de Somoza fue la pérdida gradual de legitimidad que acumuló con su continuismo, trampas institucionales y violación de los derechos humanos. Eso lo privó de aliados a la hora decisiva y multiplicó sus adversarios internos y externos.
Desde esta óptica, la pregunta ante las próximas votaciones es: ¿Qué añadirá más ilegitimidad a las ya ilegitimas elecciones de noviembre?: ¿Ver grandes colas de gente votando, como decía Moisés Hassan recientemente, o verlas vacías?
Tesis como las del politólogo Matthew Frankel, que sostienen que boicotear elecciones no suele llevar a buenos resultados, no son aplicables a Nicaragua. Porque aquí la principal fuerza opositora no decidió abstenerse, sino que la sacaron del juego. Quienes quedaron son, o zancudos, o partiditos sin peso que además van con los pies hinchados, pues el árbitro y todo el terreno de juego lo tienen en contra. Votar por ellos no cambiará nada y podría dar cierta apariencia de normalidad electoral.
La oposición deberá consensuar su estrategia para después de noviembre. A sabiendas que una campaña permanente para concientizar a la audiencia nacional y externa, sobre la ilegitimidad del régimen, es un elemento decisivo en la maduración de las condiciones que llevan al cambio.
El autor fue ministro de Educación en el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro.