Javier Álvarez Argüello

Más allá de votar o no votar

Más allá de las condiciones esenciales que todo proceso electoral debe cumplir, me quiero referir a otro no menos importante que refleja una manipulación social degradante. Enfocaré mi análisis tratando de interpretar el sentir de sandinistas y opositores que honestamente creen conveniente o dudan ir a votar este noviembre 16.

Comenzaré con el sentir sandinista apoyándome en las encuestas. Según M&R, más del 60 por ciento expresa simpatía por el FSLN. Igualmente, dicha encuesta refleja que el 90 por ciento de nicaragüenses quiere un diálogo. Entiendo esto como un clarísimo rechazo al estilo de gobierno del comandante Ortega y su filosofía. Dos ejemplos: “Las calles son nuestras (a cualquier costo)” y “solo platicamos con los empresarios (no con la oposición)”.

Interpretando ese 90 por ciento que quiere diálogo, del cual la mitad tendrá que ser sandinista, lo que nos dicen es: queremos paz verdadera y usted nos lleva a la guerra; queremos vivir como hermanos y usted nos inculca odio entre nicaragüenses. Los mismos sandinistas han dejado de creer los eslóganes de amor, solidaridad y cristianismo. M&R publica que más del 85 por ciento de la población quiere observación electoral. ¿Y cómo responde Ortega? “Que se vayan los observadores sinvergüenzas porque en sus países están peor”. Al pedir observación electoral gran parte del mismo pueblo sandinista expresa: “Comandante, no queremos robarnos más elecciones, los nicas somos honestos y no nos gusta que nos digan ladrones, sinvergüenzas, cínicos”. Esto lo sabe Ortega, aunque por su ambición y soberbia no le importa ser rechazado.

Pero no solo es la gente de a pie. Es fácil ver los rostros descompuestos y compungidos de magistrados y comisionados, todos sandinistas, en las conferencias de prensa anunciando las atrocidades que durante dos períodos presidenciales los han obligado a “comunicarle” al pueblo. Debo aclarar que también hay algunos recaderos que parecen disfrutar su retorcido papel.

Del otro lado se observan políticos opositores, gremios no partidarios y hasta periodistas sandinistas reconocer las grandes fallas electorales, pero no dejan de promover el derecho de ir a votar. Aclaremos algo, nadie está en contra del derecho humano (político) de elegir a quienes cumplirán nuestra voluntad y deseo de vivir mejor. No obstante ni estos defensores del voto “noviembre-16” ni el mismísimo Roberto Rivas creen de corazón que en Nicaragua el voto se respeta, y ahora con el Partido Liberal Independiente (PLI) defenestrado, ¿cómo podemos dos millones de nicaragüenses, en dos meses de pseudo-campaña, identificarnos y seleccionar alguno de los desconocidos que corren como candidatos a presidente y menos a sus hijos y esposas que van para diputados?

Más allá de votar o no votar, aceptar estos comicios electorales significa aceptar un enorme irrespeto a nuestra inteligencia y nuestra conciencia personal. Es como aceptar y defender que el joven estudiante mexicano, retenido diez días en manos de la Policía sandinista se la pasó golpeándose a sí mismo una y otra vez hasta desfigurarse el rostro. ¿Qué persona digna defendería esta tesis ante la CIDH? Me gustaría que M&R, además de preguntar si la compañera o el comandante son simpáticos, investigue la percepción del pueblo hacia esta y muchas cosas igualmente denigrantes.
Pero es lógico que vivamos así en la Nicaragua de hoy ya que el poder total lo ejerce una persona endiosada que amenaza al pueblo con no dejar “piedra sobre piedra” si no se cumplen sus propósitos (LA PRENSA, Nov.2008). Esto es lo que provoca la filosofía orteguista: un derroche de antivalores que se derraman en cascada desde la cabeza del gobierno, promoviendo servilismo, deshonestidad, corrupción, terror, violencia, etc. Esto jamás será ni justificación ni requisito para llevar beneficios sociales.

Sandinistas y opositores necesitamos valor y valores. Comencemos por reconstruir los principios que vamos a defender. No sigamos permitiendo que destruyan nuestro raciocinio, nuestra voluntad, nuestra identidad como personas dignas que exigimos un mínimo de respeto. Podríamos discutir mil aspectos como la “maravillosa” idea del comandante, de prolongar la cedulación o asignarle dos magistrados a Pedro Reyes. Todos sabemos que de nada servirá. Sigamos el ejemplo de los mismos simpatizantes sandinistas que dijeron “no” a la verificación, que están diciendo “no somos ladrones”, pero más importante aún, “queremos diálogo y paz”. Elecciones verdaderas son el único camino para conseguirlo.
El autor es administrador de empresas.    

COMENTARIOS

  1. Hace 10 años

    El tirano se cree la re-encarnación del déspota Stalin! El pseudo-Stalin debiese poner a bailar en público a todos sus complices!!!

  2. El Patriota
    Hace 10 años

    Comencemos por reconstruir los principios que vamos a defender. Ok, Por donde empezamos.
    Que le parece si como empresarios comenzamos por pagar salarios justos, y no me refiero a salario mínimo esos son de ley no son justos.

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