Después que la principal fuerza de oposición fue excluida de las elecciones y los 28 diputados opositores fueron destituidos de la Asamblea Nacional, nos preguntamos en este mismo espacio editorial: ¿Quiénes serán las siguientes víctimas de la escalada de la dictadura orteguista ¿Los medios de comunicación independientes y las redes sociales, la sociedad civil, sectores de la empresa privada, las instituciones religiosas?
De allí que cuando el Consejo Supremo Electoral (CSE) orteguista dictó un reglamento de “ética” electoral mediante el cual se pretendía controlar a todos los medios de comunicación, incluyendo las redes sociales y sitios de internet, pensamos que la nueva víctima del avance dictatorial de Ortega sería la libertad de expresión y de información. Sin embargo la dictadura echó pie atrás. Por la razón que fuese revocó el represivo reglamento de ética del CSE y los medios de comunicación independientes y las redes sociales se salvaron, al menos por ahora.
Las nuevas víctimas de la escalada dictatorial están siendo los cristianos, católicos y evangélicos. El 3 de agosto corriente, 41 católicos salvadoreños que venían en peregrinación al santuario de Jesús del Rescate, en Popoyuapa, Rivas, fueron impedidos de entrar a Nicaragua. De nada valieron las explicaciones y apelaciones del superior de la Orden Franciscana en Nicaragua, Fray Anselmo Maliaño, para que se dejara entrar a los peregrinos salvadoreños. La justificación del régimen fue que se ha establecido un muro de contención fronteriza del crimen organizado, o sea que de hecho se ha criminalizado las peregrinaciones religiosas católicas.
Pero también los cristianos evangélicos están sintiendo la arremetida orteguista. LA PRENSA informó ayer que un centenar de líderes evangélicos fueron citados a una reunión especial con funcionarios del Gobierno, en la cual les informaron sobre las restricciones al ingreso a Nicaragua de pastores y misioneros extranjeros. La explicación fue la misma que en el caso de los peregrinos católicos salvadoreños, o sea que se trata de una medida de “seguridad soberana” y por el muro de contención fronteriza de la delincuencia organizada internacional.
Las autoridades religiosas, católicas y evangélicas —y los cristianos en general— deben darse por advertidos de lo que les espera o les podría esperar. A los pastores evangélicos, uno de sus colegas aliado a la dictadura les recitó un párrafo bíblico, del Nuevo Testamento (Carta de Pablo a los Romanos), que dice: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos”.
A ese agente religioso de la dictadura se le debería responder con otra expresión del mismo apóstol Pablo, en Gálatas: “Cristo nos liberó para ser libres. Manténgase, pues, firmes, y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud”. Y con otra frase del Viejo Testamento (Salmo 72) que dice: “Haga Él justicia a los humildes del pueblo, salve a los hijos de los pobres, y aplaste al opresor”.