Internacionalmente las alarmas han sonado en el caso de Nicaragua, por una serie de trastornos políticos que se han sucedido en cadena durante los últimos tres meses, siendo el más grave la eliminación de la oposición en el proceso electoral que se avecina y más tarde en el mismo parlamento con la destitución arbitraria de los 16 diputados propietarios más activos y 12 suplentes de la bancada PLI.
Lo que está ocurriendo en Nicaragua se percibe como la radicalización del régimen de Ortega y la consolidación de la sucesión dinástica al haber nombrado oficialmente Ortega a su esposa Rosario Murillo como candidata a la Vicepresidencia.
El cierre de los espacios políticos a la oposición traerá consecuencias, a como nos enseña la historia con el ejemplo más reciente en 1984 cuando la Coordinadora Democrática tuvo que retirarse del proceso electoral por la represión. No hará falta hacer fraude electoral esta vez porque no hay una oposición verdadera en la contienda, por ello tampoco será necesaria la observación electoral.
José Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo ya “ganaron” el 6 noviembre, pero a la vez, también perdieron, al no haber tolerado la participación en el proceso electoral de la verdadera oposición agrupada en la Coalición Nacional Opositora, por tanto todo el proceso carecerá de legitimidad.
En la política sucede igual que en el boxeo: un campeón del mundo, en cualquier categoría, debe de enfrentar al segundo contendiente para poder realmente ser proclamado por todos con legitimidad. Si se enfrenta únicamente a boxeadores “de paquete” para que se luzca, sin exponerse con los que tienen la mayor pegada y el mejor récord histórico, no es un verdadero campeón.
Coincido con lo expresado por otros analistas políticos en el sentido de que la cadena de trastornos políticos que se han sucedido uno tras otro en los últimos meses, denota miedo de parte del régimen de Ortega, miedo a perder el poder que lo lleva a tomar acciones aparentemente irracionales.
Si tiene el 62 por ciento de intención de voto en las encuestas de acuerdo a M&R, ¿por qué descarriló a la segunda fuerza electoral agrupada alrededor del PLI, entregándole el partido a un desconocido como el señor Pedro Reyes? Por miedo.
Si ya tenía mayoría absoluta en la Asamblea Nacional y los diputados opositores solo tenían el derecho a denunciar y protestar (derecho al berreo), ¿por qué tomó la decisión de ordenarle al Consejo Supremo Electoral (CSE) que les quitara su condición de diputados a quienes no mostraran lealtad abyecta a Pedro Reyes? Por miedo.
Si tiene el control absoluto del país por medio de la Policía y el Ejército, ¿por qué secuestró y expulsó del país a tres diputados venezolanos y un asesor que pretendían solidarizarse con los legisladores de la oposición? Por miedo.
El miedo a la incertidumbre lleva a los hombres a tomar decisiones irracionales, como no permitir la entrada al país de una excursión de 41 inofensivos peregrinos, esgrimiendo ahora cínicamente “motivos religiosos”. Nuevamente el motivo es el miedo.
Una persona con un poder omnímodo de todo el Estado y con tanta simpatías, según reflejan las encuestas de opinión, no debería de tener tanto miedo. Por el contrario, debería de buscar como competir y derrotar al más fuerte como el boxeador de la analogía.
Pero el miedo podría vencerlo nuevamente y llevarlo a tomar otras acciones a través del CSE, que ha anunciado que podría controlar los mensajes negativos sobre los comicios en las redes sociales, un acto de censura.
Las elecciones de 1984 se desarrollaron bajo régimen de estricta censura de prensa y eso no les dio legitimidad ni reconocimiento internacional, sino por el contrario, solo la competencia pluralista otorga legitimidad al vencedor en un sistema democrático.
¿Cuántas acciones más de intolerancia política veremos próximamente por miedo? Ahora el diálogo que se inició con la Iglesia nunca se estableció, ni el diálogo que pidió la Iglesia con los partidos, y lo que es peor, tengo entendido que ya al diálogo con el sector privado hay oídos sordos porque las demandas se han vuelto esencialmente políticas: el regreso a la institucionalidad democrática.
El autor es periodista y exdiputado del PLI destituido arbitrariamente.