En memoria del padre Jacques

En el avión que lo llevaba a Cracovia, Polonia, para presidir  la Jornada Mundial de la Juventud, el papa Francisco reiteró  a los periodistas su opinión de que el mundo está en guerra, pero  no es una guerra de religiones.

Francisco se expresó de esa manera al lamentar  la muerte violenta  del anciano sacerdote  Jacques Hamel,  asesinado  por terroristas islamistas el martes de esta semana mientras oficiaba la misa en  la iglesia católica de Saint Etienne du Rouvray, en la región francesa de Normandía. El  padre Jacques  fue degollado   por dos terroristas islamistas  que  hirieron gravemente a otra persona y tomaron varios rehenes en la iglesia,   hasta ser abatidos por la fuerza policial.

El papa Francisco tiene razón al decir que la barbarie terrorista  que está ocurriendo en el mundo no es una guerra religiosa, pues el cristianismo,  y sobre todo  el catolicismo,  no están en guerra contra ninguna de las otras religiones que se practican en el mundo.
Sin embargo los fundamentalistas o yihadistas  islámicos no piensan lo mismo.  Ellos, en nombre de la religión islámica  han desatado una guerra terrorista global contra la humanidad, dirigida en particular contra la civilización, la cultura y la fe cristiana,  católica en particular. Por eso fue  que invocando  el nombre de Alá y de Mahoma degollaron al padre Jacques,  ante el altar donde celebraba la eucaristía, en una horrenda profanación de un lugar sagrado para  los católicos de Francia y de todo el mundo.

Los terroristas islamistas asesinan a personas de todas las creencias y culturas.  Matan a ciegas,  la mayor parte de las veces masivamente. Asesinan  inclusive a muchas  personas de fe musulmana solo porque pertenecen a corrientes islámicas moderadas,  porque no comparten la aberración  fundamentalista. Pero su mayor odio y su objetivo principal es el cristianismo y han jurado no descansar ni dejar de matar hasta liquidarlo, como si esto fuese posible.

El padre Jacques tenía 86 años de edad, pudo jubilarse cuando cumplió los 75  pero quería servir hasta que sus fuerzas se lo permitieran. Se había ordenado sacerdote en 1958 y vivía  en la rectoría (casa cural) de la parroquia de Saint Etienne du Rouvray. Muy cerca de esta iglesia cristiana se encuentra la mezquita  islámica, construida en el año 2000 en un terreno cedido generosamente a la comunidad  musulmana   por la misma parroquia católica de la ciudad.
Allí católicos y musulmanes conviven pacíficamente y colaboran entre ellos. El padre Jacques solía departir amistosamente con el imán de la mezquita, Mohammed Karabila. Funciona en la ciudad  un “comité interconfesional”, en el cual el padre Jacques debatía con sus amigos musulmanes sobre religión, tolerancia  y convivencia. Con razón     el imán Karabila declaró que estaba  horrorizado por el horrendo  asesinato de su amigo, el padre Jacques.

Eso es una prueba de que el papa Francisco  tiene razón, que esta guerra no es de religiones. Es la guerra  de terroristas fanáticos y enloquecidos,    contra la humanidad. Son pocos pero inescrupulosos, irracionales  y suicidas,  e igual matan a cristianos que a musulmanes, judíos y personas de cualquier otra creencia religiosa,  o de ninguna.

Es una pesadilla  que la humanidad debe extirpar  para siempre, para su propia defensa y en memoria del padre Jacques y de todas las víctimas del terrorismo islamista.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí