Juan Carlos Ampié, crítico de cine.

Juan Carlos Ampié, crítico de cine.

Los Ilusionistas 2

Nuestro critico de cine, Juan Carlos Ampié, ya dió su veredicto sobre la película Los Ilusionistas que se está estrenando en las salas de cine nicaragüenses. Lea que dijo en esta nota.

El sorpresivo éxito de Los Ilusionistas (Louis Leterrier, 2013), una película de modesto presupuesto, garantizó que una secuela fuera inevitable. Tres años más tarde, nos llega de la mano del director John M. Chu, quien conquistó su lugar en la industria gracias a dos filmes en la franquicia Step Up. No crea que esto supone un cambio de estilo en el producto. La nueva película es tan agraviante como la primera.

El grupo de intrépidos prestidigitadores conformado por Daniel Atlas (Jesse Eisenberg), Merrit McKinney (Woody harrelson), Jack Wilder (Dave Franco) y el detective Dylan Rhodes (Mark Ruffalo) vuelve a las andadas para escarmentar al empresario tecnológico Owen Case (Ben Lamb), quien espera robar toda la información del mundo gracias a un nuevo chip que lanzará en teléfonos celulares. Henley Reeves (Isla Fisher) brilla por su ausencia, pero su desaparición es explicada en una escena verbosa y torpe por Lula May (Lizzy Caplan), quien suplantándola como interés romántico de Atlas —y única mujer del grupo—. Desde la cárcel, Thaddeus Bradley (Morgan Freeman), quien asumió la culpa por el castigo infligido en el malvado millonario Arthur Tressler (Michael Caine), planea su venganza o algo así.

Siguiendo la pauta de su antecesora, la película se presenta como un interminable juego de engaños y estafas. Suele ser una estrategia aceptable en las comedias criminales y filmes de suspenso. Sin embargo, el problema está en que los guionistas Ed Solomon y Peter Chiarelli desdeñan la idea de establecer cualquier lógica interna en la cadena de equívocos. Las “ilusiones” establecen una “realidad” que es inevitablemente socavada. En esa incansable búsqueda por el efecto sorpresa, convierten todas las acciones en inconsecuentes. Cuando nada es lo que parece ser, todo el tiempo, no tenemos ningún incentivo para poner atención. Nada importa.

Peor aún, no hay ninguna idea que sostenga la cadena de equívocos, más allá de la fantasía vagamente populista de que estos estafadores son una especie de Robin Hoods modernos, listos para escarmentar al status quo. La película arranca con un trágico flashback que pretende darle un arco emocional sobrio a uno de los personajes. Tiene la profundidad de una subtrama de telenovela.

Tiene una relación eminentemente superficial con el concepto de magia. Buena parte de los “trucos” solo pueden ejecutarse con computadoras y efectos especiales, y no hay ningún esfuerzo por ocultar las costuras y establecerlos como parte de una realidad orgánica. Estamos supuestos a creer que los magos, o el consorcio conocido como “El Ojo”, tienen a su disposición capacidades logísticas ilimitadas, que les permite armar sus ilusiones en un abrir y cerrar de ojos —véase el clímax en varios puntos de Londres—. Aquí lo que pasa por magia es darle un papel al buenazo de Daniel Radcliffe. Supongo que el haber interpretado a Harry Potter está supuesto a darle credibilidad al proyecto.

La película demanda excesiva complicidad del espectador, pero no la recompensa con una historia lógica. Si quiere ver dos buenos filmes sobre magia, su concepto y ejecución, tendrá que volver a The Prestige (Christopher Nolan, 2006) o incluso, su divisiva Inception (2010), que al menos trataba de infundir ideas en sus juegos de apariencias.

La estafa de Los Ilusionistas 2 se vuelve más agraviante por el calibre de las estrellas involucradas. Al menos ellos disfrutan los beneficios de un trabajo bien pagado, en una película que no les exige nada. Para el espectador, solo queda la hermosa fotografía de Peter Deming. La única magia presente en la pantalla esta en sus juegos con luces y sombras.

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