Antes de encaramarse en el bus que lo trasladó a Masaya, el pasado viernes, en ocasión de la celebración del Repliegue, Daniel Ortega pronunció un llamativo discurso.
Sorprendentemente, el tema central de ese discurso fue la guerra. La guerra y la paz. La primera pregunta que se impone entonces es ¿por qué, si vivimos tiempos de paz, Ortega dedicó su discurso a la guerra?
Él proclamó: Cuánto ha luchado Nicaragua por la paz, por la estabilidad… fíjense bien. Y repitió: Cuánto ha luchado Nicaragua…
Y tiene razón Ortega, el pueblo nicaragüense ha luchado por la paz. Aunque habría que puntualizar que esas luchas han sido, antes que todo, luchas por la libertad. Luchas por la libertad y por el derecho a vivir en paz. Pero no la paz de los sepulcros. Por eso Sandino afirmaba: “Considero el más alto deber de todo ciudadano nicaragüense procurar por la paz en Nicaragua, pero la paz que dignifica y no la paz del esclavo”.
Quienes siguen los discursos de Ortega con seguridad han aprendido que la mejor manera de entenderlos es interpretarlos al revés. Esa es la clave. Porque es normal que en sus discursos proclame algo muy distinto a lo que piensa, a lo que está haciendo o lo que tiene planeado hacer. También hay que aprender a leer sus silencios. Lo que no menciona.
¡Nunca jamás volverá la guerra a nuestra patria! exclamó Ortega.
¡No volverá a correr la sangre de hermanos y hermanas nicaragüenses!
¡Aquí jamás volverá a correr sangre de hermanos nicaragüenses en ese tipo de luchas fratricidas!
¿Por qué Ortega hizo estas afirmaciones? ¿Qué amenaza la paz en Nicaragua?
Para entender esas frases, reiteradas una y otra vez en el discurso, es preciso que acudamos a la historia.
A lo largo de nuestra historia el pueblo nicaragüense ha sufrido y enfrentado dictaduras e intervenciones extranjeras. La bandera siempre ha sido la lucha por la libertad.
Es importante recordar que Zelaya, Somoza García y Somoza Debayle, todos dictadores de ayer, sembraron semillas de confrontación con su aferramiento al poder. Los afanes de reelección mediante imposiciones, pactos y componendas, a cualquier costo, fueron semillas de confrontación. En consecuencia, cosecharon lo que sembraron.
Es importante recordar que Zelaya, Somoza García y Somoza Debayle, todos dictadores de ayer, sembraron semillas de confrontación porque sepultaron el derecho a elegir de los nicaragüenses e impusieron fraudes y farsas electorales en lugar de elecciones. Los fraudes, las farsas electorales y la exclusión política fueron semillas de confrontación. En consecuencia, cosecharon lo que sembraron.
Es importante recordar que Zelaya, Somoza García y Somoza Debayle, todos dictadores de ayer, pisotearon la Constitución y las leyes. Su voluntad era la ley. Y esos abusos de poder fueron semillas de confrontación. En consecuencia, cosecharon lo que sembraron.
Es bueno recordar que Zelaya, Somoza García y Somoza Debayle, todos dictadores de ayer, una y otra vez reprimieron y atropellaron las libertades y derechos ciudadanos. Esos atropellos a los derechos humanos fueron semillas de confrontación. En consecuencia, cosecharon lo que sembraron.
Es importante recordar que Zelaya, Somoza García y Somoza Debayle, todos dictadores de ayer, consideraron a Nicaragua como su finca y utilizaron su poder para apropiarse de los fondos públicos y propiciar el enriquecimiento de sus allegados. Esa corrupción desenfrenada fue semilla de confrontación. En consecuencia, cosecharon lo que sembraron.
Es importante recordar que Zelaya, Somoza García y Somoza Debayle, todos dictadores de ayer, concentraron la totalidad de los poderes públicos y utilizaron el poder judicial, el poder electoral y el poder legislativo como marionetas al servicio de sus designios. El poder omnipotente que ejercieron fue semilla de confrontación. En consecuencia, cosecharon lo que sembraron.
Es importante recordar que Zelaya, Somoza García y Somoza Debayle, todos dictadores de ayer, transformaron las fuerzas armadas en instrumentos a su servicio personal. Apuntar las armas hacia el pueblo fue semilla de confrontación. En consecuencia, cosecharon lo que sembraron.
También son semillas de confrontación el enriquecimiento de unos cuantos al costo del empobrecimiento de la mayoría. Son semillas de confrontación el subempleo, la falta de oportunidades, los bajos salarios, la represión laboral, la entrega de la soberanía y las amenazas al derecho de propiedad.
Ortega proclamó en su discurso:
¡Y claro que nos comprometemos a seguir luchando por la paz, por la estabilidad, por la seguridad de los nicaragüenses…!
Si sus palabras son sinceras, señor Ortega, si es verdad esa declaración sobre su compromiso de luchar por la paz ¡demuéstrelo!, arroje de una vez y para siempre al basurero de la historia las lacras de sus predecesores que sembraron semillas de confrontación y cosecharon los frutos amargos de la confrontación y la tragedia. Sembraron vientos y cosecharon tempestades.
Si usted sigue reproduciendo fielmente los ejemplos de Zelaya, Somoza García y Somoza Debayle ¿quién le dice a usted que las mismas semillas, las semillas de la dictadura, producirán cosechas diferentes?
Y tiene una oportunidad. Deje de hablar de guerra y de sangre. Clausure el circo electoral y ofrezca a los nicaragüenses unas elecciones verdaderas. Restituya el derecho al voto. Usted comenzó su discurso recordando una frase de un poema de Leonel Rugama: “En el mes más duro de la siembra no había más alternativa que la lucha”. Y está muy bien que recuerde esa frase y sea consecuente con ella: abra usted la alternativa de la convivencia democrática.
Así, comenzaría a sembrar semillas de paz.
El autor es diputado.