Cuando en 1993 el neoyorquino y más distinguido profesor de Eaton College, Samuel Phillips Huntington, escribió en la revista Foreingn Affairs su famoso artículo que más tarde deviniera en el libro que publicara tres años después, conocido como El Choque de Civilizaciones, y en el que criticaba abiertamente la política norteamericana de esa época, Bill Clinton estaba en la Casa Blanca.
Huntington no solo arremetía contra el multiculturalismo, sino que advertía de los riesgos de una política exterior norteamericana intervencionista, fuese de carácter humanitario, como propugnaban los asesores del presidente demócrata, o de carácter civilizador-imperialista, como preferían los neoconservadores.
Lo que Huntington no previó, es el drama que vive el mundo de hoy, fenómenos tan angustiantes como la marea migratoria que invade a Europa, producto de países desbaratados por la guerra y por la aplicación de esa política norteamericana que ha resultado totalmente catastrófica.
Cuando en recién pasados días Donald Trump afirmó que Sadam Hussein fue malo, pero efectivo en matar terroristas, independientemente de la clasificación que el gobierno americano le impuso de “apoyar terroristas”, me recordó aquella famosa frase del presidente Franklin Delano Roosevelt sobre el presidente Anastasio Somoza García: “He may be a son of a bitch, but he’s our son of a bitch”.
En 1980, Hussein, respaldado por los Estados Unidos (EE. UU.), atacó a Irán desencadenando una cruenta guerra de ocho años. Desgarrado, Irán aceptó el armisticio de Naciones Unidas e Irak se declaró vencedor.
Veinte años después la situación cambiaba. Tras los atentados de septiembre del 2001 el presidente George W. Bush apuntó la maquinaria de guerra norteamericana hacia Bagdad y el 20 de marzo del 2003 EE. UU. inició una ofensiva sobre el territorio iraquí. El 9 de abril cayó Bagdad y con ella el régimen dictatorial.
Lo mismo ocurrió con Libia, en el caso de Muamar el Gadafi (2011) y en Egipto con Muhammad Hosni Mubarak (2011). Como todos sabemos, esta política produjo un enorme vacío. En junio de 2014, con la proclamación del califato se da cabida al grupo terrorista actual más fuerte, el famoso Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS), cuyos ataques entre otros han sido en París, el 13 noviembre del 2015; en Bruselas 22 de marzo de este año y el 28 de junio de 2016 en el aeropuerto de Estambul (Turquía).
El error norteamericano quizás consista en querer imponer su cultura política al resto del mundo, y con el mundo árabe esto ha fracasado. El creer que de la cultura árabe se puede sacar una sociedad democrática como la de EE. UU. es cometer el mismo error que se comete con el caso de Nicaragua. Hay personas que creen que aquí la gente está pensando en democracia y en derechos humanos, cuando en realidad lo que la gente anda pensado, es cómo sobrevivir. Cuando se vive con 1 dólar y en muchos casos con menos, la democracia suena a quimera.
Trump, a quien los analistas lo ven como una posibilidad real de llegar a la Casa Blanca y nadie lo ve ya como un neófito o un incontrolado megalómano, ha cuestionado a fondo esa política expansionista y sus resultados. El magnate sabía y sabe lo que hace y sus ataques han sido muy certeros, antimigratorios, antiglobalización y antiestablishment.
Su mensaje es claro (recupera a tu país). Aislar a su país. Trump es una persona desinteresada en lo que presidentes como Obama, Bush, Clinton, Reagan, el mismo Johnson, Nixon y Truman creían, lo que hemos hasta ahora llamado “los valores que compartimos”. Ese es su enfoque del mundo.
El autor es abogado.