La otra discusión bizantina

En nuestro editorial de ayer, titulado La represión policial  y el regreso de los “orejas”, expresamos que  ha sido hasta cierto punto bizantino (o sea inútil y falto de sentido práctico), el debate sobre si el régimen orteguista es o no es una dictadura.

Refiriéndonos al hecho de  que algunos analistas y dirigentes políticos democráticos  creen y sostienen  que el gobierno de Daniel Ortega no es una dictadura,  porque “no hay represión, presos políticos ni muertos”, señalamos en el mencionado  editorial  que  la represión del régimen orteguista es real y evidente,  y nos preguntamos: “¿Habrá que esperar a ver los presos políticos, los muertos y una represión aún más generalizada para que la sociedad se empiece a preocupar?”

Ahora, en ese mismo sentido,  debemos  decir que también resulta   bizantino  discutir  si la escalada represiva desatada por el régimen  orteguista en las últimas semanas, ha sido motivada por   alguna alteración emocional de Daniel Ortega, o se trata de un error gubernamental, o es parte de   una estrategia  de radicalización política de un sistema de gobierno  que se califica a sí mismo como   revolucionario, o  se debe a  cualquier otro motivo que solo Ortega podría explicar.

En realidad,  cualquiera que fuese la razón  que tenga Ortega para ordenar el  incremento de  la represión, el hecho  innegable es que está suprimiendo derechos democráticos  fundamentales de los nicaragüenses, incluyendo el de poder  votar en las elecciones por candidatos de la oposición o independientes del Gobierno.

Debido a  la  decisión dictatorial de Daniel  Ortega ejecutada por medio del Consejo Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia,  de impedir que la oposición participe en los comicios de noviembre próximo,   en estos solo se podrá votar por los  candidatos  del partido oficialista y  sus acólitos. De esta manera el régimen orteguista está cerrando  los espacios  del pluralismo   político, de las  elecciones competitivas y  la alternabilidad gubernamental,  que son indispensables para el funcionamiento de  una verdadera democracia.

Ante esta situación es necesario  repetir la pregunta que planteamos   en  el editorial de ayer: ¿Habrá que esperar a que Nicaragua se termine de imponer el régimen de partido único, como el de  Cuba, o de partido hegemónico acompañado por  algunos parásitos colaboradores, como el  de China y Corea del Norte, a fin de que la sociedad nicaragüense se empiece a preocupar?

Especular  por qué Daniel Ortega comete  esas atrocidades contra la democracia  es otra discusión bizantina. Lo  que cabe es defender  los  derechos  democráticos  de los  nicaragüenses,  conquistados por ellos mismos en 1990 y garantizados por  tratados internacionales como los Acuerdos de Esquipulas II y la Carta Democrática Interamericana de la OEA.

Editorial Daniel Ortega Nicaragua Orteguismo archivo

COMENTARIOS

  1. Abell
    Hace 10 años

    Esta claro que hemos pasado de la Guardia Somocista a la Guardia Sandinista, todos sabemos que Ortega y Somoza son la misma cosa, la escalada de violencia y degradación de este régimen demuestra ante nuestros ojos el proceso de gestación de una dictadura que va a ir pasando de cruel a sanguinaria como lo que sucedió en Las Jaguitas

  2. Edmund Dantes
    Hace 10 años

    Asi es. Que la porra con liquido se nos esta quemando es lo unico relevante. A quien le interesa saber que si el liquido es agua o aceite, o que si el fuego con leña o gas. Lo que importa es como mandar al traste el fuego.

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