Efectos de las pantallas
Gonzalo Cardenal M.

El sexo en el matrimonio cristiano (II)

Continuando con nuestra enseñanza sobre el sexo en el matrimonio, creemos que es importante referirnos a algunas otras situaciones que como cristianos son importantes conocer para la mayor felicidad matrimonial.

Debemos estar decididos a dialogar con el cónyuge para conocer mejor sus necesidades y determinar en conjunto cuánto de la relación es satisfactoria para ambos.

Debemos respetar el rechazo del cónyuge cuando exista sobre variantes y contrarrestarlo cuando solo sean prejuicios.

Debemos conocer las dos únicas variantes que prohíbe la Iglesia: El onanismo y la sodomía. Esto sucede cuando en un coito normal el hombre se retira de la vagina al momento de eyacular para prevenir un embarazo. Pueden hacerlo donde quieran pero debe eyacularse en la vagina.

Deben conocer los principales problemas del sexo en el matrimonio: la eyaculación precoz y la impotencia o la frigidez. Saber que tienen solución y estar decididos a solucionarlos en caso que padezcan de ellos. Saben también que como la causa suele ser psicológica y no física, muchos de estos problemas son solucionados por la buena comunicación entre los esposos, la ayuda profesional externa, mucha paciencia, comprensión y amor, y por la actitud básica de buscar ante todo la satisfacción del otro.

Debe acatar la planificación familiar, la paternidad responsable y las consideraciones de nuestra Iglesia (leer la Humanae Vitae) que no se opone a la planificación de los hijos, en donde lo que se pretende es evitar un daño o mala consecuencia. Que lo que la Iglesia rechaza es la actitud puramente egoísta y ciertos medios abortivos.
Debe conocer la diferencia entre “lujuria” y “deseo”. Saber que “deseo” es simplemente la inclinación, atracción o apetito por algo, y que en lo sexual este deseo es parte del plan de Dios y por lo mismo normal y bueno. Por el otro lado, saber que “lujuria” es el desorden fuera de control dominándonos, o cuando el objeto de nuestro deseo es algo o alguien que no debemos desear.

Debe conocer la diferencia entre “tentación” y “pecado”. Saber que la “tentación” es algo que nos empuja o atrae hacia algo incorrecto y que nos dificulta el obrar bien. Saber que la tentación en sí no es pecado. Y saber también que “pecado” es ceder a esa tentación y hacer algo que nos está prohibido. Saber cómo vencer sobre las tentaciones. Leer Mateo 5:27. Conocer lo que está prohibido o permitido y que el que cultiva la duda para rehuir su responsabilidad no resistirá las tentaciones.

Debe saber que toda relación sexual fuera o antes del matrimonio está prohibido. Es fornicación. Saber que el adulterio es siempre pecado, aunque ambos estén profundamente enamorados, que es pecado codiciar a otro u otra en nuestra mente y en nuestro corazón. También saber que las relaciones homosexuales son pecado.

Debe haber tomado la decisión de obedecer a Dios y aceptar su ley. No andar justificando aduciendo que en ciertas circunstancias no se aplica la ley de Dios. Buscar en cambio sabiduría cuando tiene dudas. Evitar las “ocasiones próximas” de pecado. Es decir, aquella cosa, persona o circunstancia que si no evitamos nos conduce ciertamente o casi inevitablemente al pecado. Y que estas ocasiones próximas son pecado en sí.

Debe haber decidido no solo cambiar de conducta sino también de actitud. Su mentalidad debe haber cambiado los mitos y valores de nuestra cultura mundana que identifican el ser muy hombre con la promiscuidad sexual, con la infidelidad matrimonial. Por eso sabe que no debe flirtear ni coquetear con otro u otra por ningún motivo.

El aurotor es miembro del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios 
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Opinión
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