Cirilo Antonio Otero

Nicaragua necesita ser creíble ante las naciones

Nicaragua, en sus casi cuatro décadas últimas (1978-2016) ha logrado ser noticia y ha ocupado un sitio interesante en los medios de comunicación mundiales. Por diferentes cogniciones: operaciones sociales y políticas; desastres provocados por quehaceres de la naturaleza; premios y/o reconocimientos a personalidades destacadas de la literatura; de la comunicación; de los deportes; de las religiones; entre otras.

Sin embargo, en los últimos diez años, el país, se ha visto vinculado a procesos políticos y sociales que lo han sumido en un escenario poco favorable para ser un país destacado y admirado. El terruño, ha ofrecido públicamente varios proyectos de gran envergadura y ninguno ha logrado iniciar. Por el contrario, algunas de las promesas de construcción más bien han traído vergüenza y pena a la ciudadanía. Nicaragua dio en concesión una amplia parte del territorio nacional para la construcción del ya famoso canal húmedo para comunicar los océanos, y el resultado es que el consentimiento jurídico con la Ley No. 840 está cargada de encogimiento histórico y sin ningún beneficio a la patria.

Pero, como todo en la vida, hay oportunidades y amenazas. Nicaragua asiste en este 2016 a un proceso electoral histórico, que le permite alzarse de las cenizas del descrédito y de la duda de ser un país en serio o un remedo de este. Es decir, un Estado fallido, sin capacidad de entregar a la ciudadanía valores que le permitan destacarse en el concierto de las naciones.

Las elecciones para autoridades generales que se realizan en este año, están precedidas de un constante ambiente legal con muchas deficiencias en los procedimientos y normas equitativas para lograr elecciones libres y transparentes. Las elecciones del 2006, 2008, 2011, no lograron el cometido de ser legítimas ni ecuánimes. Han dejado un sabor a estafa y vergüenza política y administrativa.

Es precisamente por lo anterior, que las elecciones del 2016 se han convertido en un espacio político determinante en la historia política de Nicaragua. Cualquier partido político que logre el mayor número de votos a su favor, necesita, más que los votos, la credibilidad que estos son reales y representan la voluntad de los electores. Un gobierno con el título dudoso de su elección no solo es vergonzoso, sino, poco o nada fidedigno en la armonía de las naciones del mundo.

Los vecinos geopolíticos de Nicaragua deben sentir, luego, de las elecciones del 2016, que la administración política electa representa el sentir y los intereses de sus nacionales. No debemos ni podemos enviar mensajes de duda sobre nuestra seriedad, honestidad y el respeto a la voluntad popular. Aunque hayan pensamientos trasnochados que digan lo contrario.

La ciudadanía nicaragüense debe levantarse muy temprano el domingo 6 de noviembre del 2016 y hacer valer su derecho a elegir de manera informada, y además, debe asegurarse que su voto sea sumado de la forma correcta, sin engaños ni mentiras ni falsedades. Nicaragua necesita ser creíble ante las naciones del mundo, no debemos aparecer en la historia como no verosímiles y aparentemente legales.

El autor es sociólogo e Investigador Social.
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