Anastasio Somoza García, el 3 de abril de 1950 había suscrito en Managua un pacto político con el jefe del Partido Conservador de Nicaragua, general Emiliano Chamorro, el que fue denominado “Pacto de los Generales”. Entre los puntos más sobresalientes del convenio se establecía la no reelección, pero como el viejo Tacho Somoza violaba lo que firmaba para no cumplir con los compromisos, se crearon las condiciones para lo que se llamaría “la rebelión de abril”.
Esta conjura tuvo el apoyo económico del Partido Conservador de Nicaragua y contó con el entusiasta respaldo de muchos oficiales de la Guardia Nacional, y de esclarecidos personajes del foro nicaragüense como los doctores Francisco (Paco) Ibarra Mayorga, hermano del autor de la letra del Himno Nacional, y Enrique Lacayo Farfán, figuras legendarias que dieron sus talentos y sus vidas por una causa patriótica que para ellos era importante y necesaria.
Para ilustración de quienes posiblemente desconocen aspectos generales de este complot, es oportuno señalar las causas que motivaron su fracaso. Somoza García desistió a última hora de hacer un viaje a su residencia en Montelimar, y se dirigió al Aeropuerto Las Mercedes a recibir un lote de caballos de raza pura que le remitía de regalo el tirano de Argentina, Juan Domingo Perón. Otro poderoso motivo en el fracaso de la rebelión fue la cobarde actitud de un traidor infiltrado en el movimiento que denunció con detalles todo el complot. Y por último la ausencia de unidad de mando entre los rebeldes que desembocó en una total anarquía.
Algunos de los complotistas fueron ejecutados de inmediato, otros cayeron en prisión y posteriormente fueron enjuiciados y condenados por un tribunal marcial.
Esta heroica conspiración del 4 de abril de 1954, hace 62 años, sigue siendo una referencia excepcional en la conciencia ciudadana, puesto que la inmolación de los patriotas que dieron el tributo de su sangre para que en Nicaragua y en nuestra sociedad se restablecieran a plenitud los derechos y libertades, quedó para siempre escrita en los volúmenes de la historia. La República sabrá venerar la memoria de estos ilustres varones que emprendiendo el camino de la redención y dejaron a la patria el aporte de sus gigantes esfuerzos.
Los he mencionado en ocasiones anteriores pero es preciso volver a mencionar a los héroes que en aquel cálido abril cayeron asesinados por las balas homicidas del régimen somocista: los hermanos Adolfo y Luis Felipe Báez Bone, Manuel Agustín Alfaro Carnevallini (padre de Indiana, y Agustín Alfaro López), Antonio Velásquez, Juan Martínez Reyes, Pablo Leal Rodríguez, José María Tercero Lacayo, Manrique Umaña, Carlos Ulises Gómez, Amado Soler, Guillermo Gutiérrez, Pedro José Reyes, Rafael Praslín, Francisco Caldera, Humberto Ruiz, Juan Ruiz Traña, Francisco Granillo, Miguel Ramírez, Optaciano Morazán, Luis Felipe Gabuardi, Edgard Gutiérrez, Francisco Madrigal y Ernesto Peralta.
Es mi ferviente deseo que el ejemplo de los héroes, y mártires del 4 de abril de 1954 permanezca indeleble en el corazón y el pensamiento de los buenos nicaragüenses, que en distintas formas de lucha abogan a tiempo completo por una patria auténticamente nueva, donde la justicia conjuntamente con la aplicación de la ley no estén sujetas al escarnio.
Y que una auténtica reconciliación nacional sea la base para levantar una sociedad humanista que responda a las aspiraciones de las mayorías nicaragüenses.
EL AUTOR ES PERIODISTA DE SOMOTO