A medida que se acerca la fecha de las elecciones se habla más de la unidad de la oposición.
Según las encuestas Daniel Ortega ganaría las elecciones fácilmente, incluso si todos los grupos opositores se unieran en una sola fuerza electoral. Sin embargo persiste la esperanza de que con la unidad se le podría ganar al orteguismo, así como se le ganó al sandinismo en las elecciones de 1990, 1996 y 2001 con más de cincuenta por ciento de los votos.
En 1990, 14 partidos políticos que eran claramente contrarios al régimen sandinista y proponían una alternativa democrática en lo político y capitalista en lo económico, se unieron en la Unión Nacional Opositora (UNO) y ganaron las elecciones. Sin embargo, además de la UNO participaron en aquellos comicios ocho partidos más, cada uno de ellos por separado, el más votado tuvo el 1.18 por ciento del total de los sufragios y el menos favorecido el 0.22 por ciento.
En las elecciones de 1996 participaron 22 partidos y alianzas, aparte del Frente Sandinista. La Alianza Liberal formada por el PLC y otros tres grupos liberales ganó las elecciones con el 50.99 por ciento, mientras que el FSLN sacó 37.83 por ciento y los otros 21 partidos juntos sumaron apenas un poco más del 10 por ciento.
En las elecciones de 2001, cuanto ya estaba en vigor el pacto electoral de Arnoldo Alemán con Daniel Ortega para establecer el bipartidismo libero-sandinista, solo participaron tres partidos. El PLC ganó con el 56.3 por ciento de los votos, el FSLN sacó 42.3 por ciento y el Partido Conservador, que logró colarse en la contienda, obtuvo el 1.4 por ciento de los sufragios.
Lo que demuestra esa experiencia electoral de Nicaragua es que la unidad de diversos partidos no garantiza ganar las elecciones. Demuestra también que la unidad no es una simple suma aritmética de partidos y grupos políticos, y que en todo caso, para que la alianza electoral sea creíble todos los partidos y movimientos que participen en ella deben jugar limpio.
Con base en esa experiencia es importante precisar de qué unidad opositora se está hablando en la actualidad. ¿De una alianza de partidos y movimientos políticos que independientemente de sus diversas ideologías y programas partidistas coinciden en la necesidad de cambiar el sistema político, erradicar el orteguismo y restaurar la democracia republicana? ¿O de una unidad con partidos que han ayudado a establecer y sostener el régimen orteguista y a realizar los fraudes electorales, y de hecho siguen siendo cómplices de la dictadura?
Cuando no se tiene claro el objetivo ni se escoge a aliados idóneos no se puede tener ninguna posibilidad de alcanzar la victoria, ni siquiera de obtener éxitos parciales para avanzar hacia la conquista del objetivo final.