Domingo, nuestro más caracterizado dirigente obrero, ha muerto. Hombre cabal, identificado con tres apellidos: Sánchez, Salgado y Chagüitillo, sin comillas, porque se le conoce mejor con este gentilicio por su pueblo natal, Chagüitillo, Matagalpa. Los allí nacidos podrían identificarse como “chagüitillanos”, “chagüitilleños” o “chagütillenses”, pero ninguno como “Chagüitillo”, porque solo existen dos Chagüitilllo: el pueblo y Domingo.
Decía Domingo que cuando llegó a estudiar primaria a la ciudad de Matagalpa, el maestro le preguntó por su lugar de origen, y ante su respuesta, le dijo que en adelante él sería Chagüitillo. Pero pienso que ese su tercer apellido no se lo ganó de esa forma gratuita, sino hasta que Domingo comenzó a caracterizarse como orador en defensa de los intereses de su clase y para orientar a sus compañeros hacia la organización para enfrentar problemas sociales, de los cuales es tan pródigo el sistema en que le tocó vivir y combatir. En el mundo obrero, pronto se comprobó lo bien que resultaba la lucha después de oír un discurso de Domingo.
Y como no eran pocos sus compañeros que conocían de la efectividad de su discurso, comenzaron a identificarlo con el sustantivo “chagüite” como sinónimo del discurso combativo, y crearon el verbo chagüitear, “cuyo papel semántico es expresar la acción del sujeto”, en este caso, llamado Domingo. Ahora, a quienes gustan de practicar el discurso, se les conoce como “chagüiteros” y, en consecuencia, podemos aplicarles el participio pasivo “chagüiteados” del verbo chagüitear a quienes quedaban convenidos por un discurso al estilo Domingo.
Muchos años antes, allá por el principio de los años 40, cuando Domingo vino a Managua a la cabeza de una delegación sindical de Matagalpa al congreso constitutivo de la Confederación de Trabajadores de Nicaragua se encontró con Armando Amador y Ricardo Zeledón, dos de los fundadores del Partido Socialista Nicaragüense (1944), quienes le explicaron que el congreso no se realizaría debido a que el presidente del comité organizador, el dirigente somocista Absalón González, había saboteado el trabajo organizativo. Frustrado el acto, sirvió de oportunidad para que Amador y Zeledón chagüitearan a Domingo, y como resultado de ello, el siguiente 2 de abril de 1945, él estaba ingresando —y para siempre— a las filas del socialismo en Nicaragua.
En 1948, cuando el Partido Socialista de Nicaragua (PSN) efectuaba un congreso clandestino en Managua, la guardia somocista irrumpió en el local capturando a todos los presentes, entre los cuales estaba Domingo, como miembro de la delegación de los socialistas de Matagalpa. Fue ese el “debut” de Domingo en una cárcel capitalina, pues ya había sido apresado varias veces en su ciudad. Domingo, después de haber enviudado, en 1950 se tuvo que radicar en Managua, junto a sus tres hijos, todos menores, por el constante acosamiento del que era objeto de parte de la Guardia.
Sorteando los problemas que emanan de la pobreza, la soledad y del desarraigo, Domingo encontró refugio en el viejo hospital general de Managua, gracias a una monja que allí practicaba las enseñanzas de lo bueno de su religión. Encontró trabajo en el Correo como cartero, y pronto se dio cuenta de que iba a ejercer un oficio para el cual necesitaba conocer la ciudad… y Domingo no conocía Managua. Supo superar ese problema, pero después, ya como cartero de la Compañía Nacional de Seguros, no pudo resolver la actitud somocista del presidente de la compañía, quien quiso que firmara un mensaje de apoyo, como “querido correligionario”, para el dictador Somoza García. Se negó, y de nuevo se vio en la calle. Pero Domingo había logrado salvar su dignidad de hombre honrado en una de las primeras batallas de las miles que tuvo que librar durante cien años, un mes y 19 días de su vida.
Con ayuda de sus compañeros, entre ellos, el recordado Pedro Turcios Ramírez, quien le consiguió una casa frente a la suya, Domingo alquiló su primera vivienda en Managua. Estaba situada media cuadra al norte de la esquina noroeste del que sería años después el Parque Las Palmas. Si fuera hoy, Domingo y sus hijos serían vecinos de la casa de la familia del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Y aquí, una anécdota como para Ripley en la vida de Domingo: el menor de los hijos de este socialista pobre (aunque nunca un pobre socialista) que vivió en una vivienda alquilada y colindante con la casa de la familia Chamorro-Barrios, sería, aún lo es, editor de Opinión y editorialista del Diario LA PRENSA.
Domingo se incorporó al Sindicato de la Construcción, al que contribuyó a desarrollar como uno de los más combativos, hoy conocido como Sindicato de Carpinteros, Albañiles, Armadores y Similares (Scaas), al que dirigió en la huelga histórica de 1973, con la cual se derrotó la pretensión del dictador Somoza Debayle, de alargar la jornada laboral sin salario extra, como “aporte” a la reconstrucción de Managua, que aún espera. Domingo no participó individualmente en la lucha por el Código del Trabajo (1945) ni por la Ley de Seguridad Social (1958), pero siempre fue el más destacado en la lucha por la aplicación de ambas leyes, cuyos beneficios sociales los gobiernos y los privados han tratado de dejarlos como adornos demagógicos dentro de sus páginas. En los años sesenta, desde su cargo como secretario de Acción Campesina del PSN, Domingo fue también, a veces de forma simultánea, líder sindical en las ciudades y organizador de los campesinos en el campo. Él organizó la Confederación Campesina de Trabajadores Agrícolas de Nicaragua, cuyo secretario general fue Bernardino Díaz Ochoa, asesinado por la guardia somocista.
Como correspondía a su destacada labor de luchador social, Domingo asistió a diferentes actividades de los organismos internacionales de los trabajadores, efectuados en varios países de América y Europa. Fue diputado durante dos períodos, en la Asamblea Nacional Constituyente desde 1985, después de haber sido candidato presidencial del PSN en las elecciones de 1984, y en el período 1991-1996, en la bancada del FSLN. Fue reconocido con varios merecidos títulos honorarios por su partido, entre ellos, el de su presidente honorario.
Su destacada personalidad trascendió los ámbitos laborales. La Universidad Popular de Nicaragua le otorgó el título de doctor Honoris Causa en Ciencias Sociales y la Universidad Politécnica le otorgó la Orden de la Paz Martin Luther King. Todo eso y más, mereció Domingo Sánchez Salgado Chagüitillo.
Adiós, Domingo, y hasta pronto.
El autor es escritor.