Saber descifrar los hechos y los tiempos políticos es un don de muy pocos. Ricardo Meillón ha escrito una obra que arde de verdad y novedad (Inercia o primavera, 2016), en la cual interpreta los hechos acaecidos en Guatemala en el año 2015, que desembocaron en el procesamiento y encarcelamiento preventivo del presidente y vicepresidenta de la República por actos de corrupción. A la pareja, Otto Fernando Pérez Molina e Ingrid Roxana Baldetti Elías se le acusa de utilizar el erario para sus fines privados.
¿Qué ocurrió? Surgió un movimiento ciudadano a través de las redes sociales y permitió saturar de dignidad la Plaza de la Constitución el sábado 25 de abril de 2015. El mundo se sorprendió de cómo el pacifismo hizo temblar a los gobernantes. Una concentración trajo a otra, y la vida ya nunca fue igual en Guatemala. La primavera chapina inició con peculiaridad: no violencia al son de “Libre al viento tu hermosa bandera (…)”, fragmento del himno nacional de ese país, para repudiar la corrupción.
El autor señala que la protesta simboliza el viaje del pesimismo hacia las posibilidades, pero no constituye el fin en sí mismo, sino la génesis de una tarea que es más demandante e importante que aún no ha iniciado. Clarifica Meillon que se trata de ir por más y por algo mejor, una primavera positiva e ilimitadamente humana.
¿Cuál sería la continuidad ideal para cambiar un sistema que propicia la corrupción? Meillón señala con claridad dos momentos:
El primero. Consiste en colocar los cimientos sobre los cuales la primavera será desarrollada. El objetivo es la creación en conjunto de un clima social agradable y estable, completamente distinto al que propicia la corrupción. Esta fase parte de dos verdades: 1. No podemos cambiar a nuestros gobernados si continuamos con el clima social prevaleciente, y, 2. Para cambiar el clima social compartido es necesario cambiar individualmente.
El segundo. Es el momento para redactar los grandes objetivos y propósitos del país, fundamentados en la experiencia vivida de principios específicos. Solo así serán metas dignas de esfuerzo y respaldo individual y social. Esta etapa se sostiene con una educación fundada en la motivación y en ejemplo vivido.
¿Qué tipo de personas son capaces de desarrollar los dos momentos anteriores? El autor con una franqueza poco común señala que los dos momentos citados recobrarán vida a partir del carácter y las actitudes; para ello se ocupa de bosquejar dos tipos de personas: quien vive una vida vulgar, se deja llevar por los vientos de la vida, por los convencionalismos, reglas o normas del grupo social dominante en el cual se encuentre; y, quien vive una vida noble, cuestiona lo que el flujo de la vida le empuja a aceptar, reflexiona sobre lo usualmente aceptado por la moral dominante del grupo social en el que se encuentre. Voluntaria y conscientemente se traza metas para ser mejor.
Este pasaje en la historia de Guatemala, abordado con originalidad y visión por el autor citado, resulta un insumo interesante para soñar y perseguir un futuro ideal para Centroamérica: una tierra donde la política sea en la práctica el arte del bien común, ¿será posible con primaveras pacíficas? Ya hay un ejemplo.
El autor es Abogado y Notario
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