Durante el inicio del año miles de bachilleres se preparan para realizar el examen de admisión, que les permitirá obtener un cupo en las universidades públicas del país.
Esta preparación conlleva asistir a clases particulares durante las vacaciones, reforzando lo aprendido durante la secundaria.
La realidad de muchos estudiantes es una educación deficiente no le dan la importancia debida al estudio, se preocupan solamente por aprobar con la nota mínima, aún sin haber aprendido lo básico.
Esta falta de interés tiene sus consecuencias cuando los jóvenes deciden matricularse en la universidad y su promedio académico no es satisfactorio para la carrera que prefieren estudiar, es triste cuando las autoridades universitarias dan a conocer los resultados de los exámenes de admisión y estos reflejan un bajo porcentaje de estudiantes que logran clasificar.
Mientras llegan los resultados hay muchas dudas, nerviosismo, inseguridad en todos los jóvenes aún los más aplicados están ansiosos por saber si han clasificado o no, para el joven que no tiene buenas bases en su preparación esto se convierte en frustración cuando no obtiene el resultado esperado.
El éxito de un estudiante depende de la responsabilidad de sí mismo, su dedicación a los estudios, su preocupación personal por superarse, las metas que se propone a corto y a largo plazo y el interés que tenga por aprender.
Para cambiar un poco este panorama no estaría de más que el docente de secundaria se preocupe por brindar una mejor educación donde le interese más la calidad que la cantidad de aprobados, no basar su trabajo en el cumplimiento de un programa, sino en el aprendizaje sólido de sus estudiantes.
Un factor clave y decisivo que no podemos obviar es el apoyo del padre de familia del adolescente, que en todo momento debe estar pendiente del estudio y preparación de sus hijos, acompañarlo, conocer sus necesidades educativas, estimularlo desde la secundaria para que pueda cumplir sus aspiraciones .