Mario Arana

La economía de Nicaragua y sus desafíos

Recientemente visitó Nicaragua una Misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) para hacer el balance económico del Artículo IV. Sus conclusiones y recomendaciones son útiles para estas observaciones.

De acuerdo con el FMI la economía tiende hacia su crecimiento natural que estiman en cuatro por ciento para el 2015, y los próximos dos años. En esto hay diferencia con la posición del gobierno que es más optimista, y ve el crecimiento más cerca de 4.5 a cinco por ciento.

El reto va a estar en sostener ese crecimiento en el futuro, frente a circunstancias internacionales menos favorables de las que hemos estado experimentando en los últimos años, y lidiar con nuestras fragilidades fiscales y externas. Además, Nicaragua debe crecer aún más, para lidiar con su rezago social y sus niveles de pobreza, y esto tendría que sustentarse más en crecimiento de productividad, lo que requiere mucho más inversión. Algo que está a nuestro favor, es el crecimiento de los Estados Unidos, y habrá que saberlo aprovechar aún más.

El FMI asesora y vela por la estabilidad macroeconómica de los países miembros, y las bases fiscales y externas de esa estabilidad, para crecer sanamente y de forma sostenible. En el caso de Nicaragua en esta evaluación, si bien el FMI ve tendencias macroeconómicas favorables, llama a construir colchones, o blindaje adicional externos y fiscales, dadas las fragilidades ya conocidas. El déficit fiscal global andaría por encima de dos por ciento en los próximos años, y el déficit en cuenta corriente por alrededor de ocho por ciento.

Con el debilitamiento de las exportaciones por las circunstancias internacionales, es aún más importante convertir la inversión en un motor de la economía para sostener y aumentar el crecimiento, y promover la inversión por todos los medios posibles, reformando lo que importa más desde mi punto de vista. Me sorprende que no se haya hecho más hincapié en los riesgos para el crecimiento más allá de lo fiscal y el sector externo, pero lo cierto es que ese no parece ser el fuerte del FMI.

Por el momento, la inversión está sustentada en el crecimiento de la construcción, pero, la misma por sí sola, no es ni suficiente, ni sostenible. Se tienen que promover proyectos que cambien la estructura productiva del país y añadir más valor agregado a lo que ya producimos y para ello se requiere fortalecer la infraestructura, los derechos de propiedad, el estado de derecho, la educación y la innovación, que son nuestras áreas más débiles en los indicadores de competitividad para atraer más inversión, y ver la forma de cómo se reducen costos de energía, logística y transporte, incluido el costo del combustible, tramitología, financiamiento, costos para abrir negocios, etc.

En este entorno, aspectos de gobernabilidad e institucionalidad no pueden ser dejados de lados. Necesitamos construir seguridad de estabilidad a largo plazo, y para ello se requiere construir institucionalidad de forma muy deliberada y comprometida. Esto es algo que lo hemos también escuchado del FMI en recomendaciones a América Latina por autoridades al más alto nivel.

Por otro lado, con respecto al Artículo IV el FMI sugiere fortalecer los ingresos fiscales con más reformas para el 2017, racionalizando exoneraciones, implementando el manejo de precios de transferencia y mejorando la recaudación tributaria, para crear los colchones necesarios. Igualmente, llaman a incorporar y transparentar más de las instituciones públicas autónomas en el presupuesto, para tener una mejor apreciación de los balances fiscales y la deuda pública.

Adicionalmente, reconocen que habrá que ponerle atención al seguro social, mejorar las estadísticas y la recopilación de datos. Todos estos temas son muy válidos y pertinentes. Con relación a seguro social, desde mi punto de vista hay que lidiar con las distorsiones en el mercado laboral, pero acá hay un incentivo a la informalidad y su porcentaje se ha incrementado, ya que se ha convertido muy caro generar un empleo formal, dada la baja productividad y la carga social del empleo formal en Nicaragua.

Esto apunta nuevamente a la necesidad de crecer en inversión y productividad, si queremos sostener y promover los beneficios de los asalariados.

El autor es Doctor en Economía.

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