Anita Mejía Pérez, originaria de la extensa comarca San Benito, tiene gratos recuerdos del mercado central de los chinandeganos, cuando este era un lugar ordenado y limpio. La vivandera de 77 años cumplió 58 años de asistir religiosamente para ofrecer todo tipo de verduras en el tramo ubicado en la parte interna del centro de compras.
Es muy activa. Tras lavar la ropa, barrer la casa y dar de comer a los animales se enrumba cada mañana a su tramo con la carga de verduras. Tras vender lo que puede va de regreso a su casa minutos después de las 2:00 de la tarde.
“Mi madre Ignacia Mejía me traía de 12 años con la venta, que la poníamos allá en la calle frente al mesón, pero fue de 19, 20 años que no he salido de aquí”, relató la señora, madre de 12 hijos, con el sufrimiento de que Efraín.
Refirió que el mercado es un desorden y que vende poco en el interior por la gran cantidad de verduras que se ofrecen en la parte externa. Considera que “todos tenemos necesidades y hay que trabajar para comer”, por lo que ha optado por conformarse.
María Antonia Moncada ofrece también verduras. Es originaria de la comarca La Bolsa, Chinandega y cumplió 32 años al frente de su tramo. Solicitó ayer luminarias ante la oscuridad que reina aún en el día, lo que afecta a todos los comerciantes ubicados en el sector.
TODA UNA TRADICIÓN
Lucrecia Ortiz es también legendaria, con casi cincuenta años en el sector cocina. Sostiene que unas 150 mujeres venden en el interior del centro de compras y tienen más de cuarenta años de tener ahí sus tramos de verduras, ropa, calzado y carne.
Entre otras son reconocidas Lola Urbina, Alejandra Pérez, “La Cariño”; Haydee de Mendoza, Inés Avilés, Janeth Torres, Maximina Reyes y Sofía Hernández.
Sergio Torres, vendedor de plástico desde hace treinta años, refirió que en el interior del mercado se encuentra “la vieja guardia” de los vendedores.
La octogenaria Sofía Hernández ofrece refrescos desde su juventud, sin que hasta hoy tenga fecha para jubilarse, porque el mercado “ha sido mi vida”.