El dolor que representó para su familia la partida del ingeniero Antonio Lacayo fue apenas mitigado con la resignación de que han ganado “un ángel que les protege”, como expresó su hijo Antonio Ignacio Lacayo Chamorro, en sus emotivas palabras de despedida durante el funeral.
El ingeniero Lacayo fue una de las cuatro víctimas del accidente aéreo, ocurrido el martes 17 de noviembre, al precipitarse un helicóptero de la empresa Helinica sobre las aguas del río San Juan. Su cuerpo fue rescatado más de 36 horas después de desaparecido, tras una incesante búsqueda.
“Hoy nos despedimos de su cuerpo y su vida terrenal, pero ahora tenemos un ángel que nos protege y que protegerá a nuestra querida Nicaragua”, manifestó Lacayo hijo. El joven se refirió a su padre aún de cuerpo presente: “Fuiste y seguirás siendo el tigre que nos enseñó a luchar, el patriota que nos enseñó a soñar despiertos, el jesuita que nos enseñó a vivir y el padre que nos enseñó a amar”.
Momentos antes junto a su madre, Cristiana Chamorro Barrios, igual que su hermana Cristiana María, habían permanecidos serenos durante el oficio religioso celebrado por los sacerdotes Joselito Valera, director de la Fundación Hogar Zacarías Guerra y el jesuita Iñaki Zubizarreta.
UNA VIDA DE SERVICIO
El sepelio congregó a empresarios, intelectuales, políticos, diplomáticos y funcionarios del gobierno actual, así como personas que le acompañaron durante la gestión como ministro de la Presidencia, durante el Gobierno de la —entonces— presidenta Violeta Barrios de Chamorro (1990-1997), amigos, excompañeros de estudios del Colegio Centro América y familiares, quienes desfilaron frente al libro de condolencias.
Durante el funeral muchos de sus asistentes recordaron la labor desempeñada por Lacayo durante el gobierno de transición entre la guerra a la paz, que representó el gobierno de doña Violeta Barrios, en el que se desempeñó como ministro de la Presidencia.
Tras una celebración religiosa en el cementerio Sierras de Paz, donde fueron sepultados los restos mortales, fue cuando en nombre de la familia habló su hijo Antonio Ignacio, quien desde en un inicio advirtió: “Al decir estas palabras voy a llorar, si lloro me secaré con un pañuelo que mi padre me enseñó a usar y que mi ‘mamina’ (abuela) me regaló”.
Lacayo Chamorro describió a su padre como un jesuita que por dos años estuvo en el seminario y “sobre todo un jesuita en vida, sencillo, no conocía la envidia, no conocía desear el mal”.
Rememoró el joven, además, cómo su progenitor “toda su vida recordó el servicio por apoyar a mi ‘teteta’, doña Violeta (Barrios de Chamorro) a traer la paz a Nicaragua”.
Y señaló que más de una vez junto a su padre saludaron a una persona en un restaurante “y después contento, pero sin pretensiones me dijo: ‘A su familia se le regresó tal cosa’ y eso le daba una enorme felicidad, una felicidad por los demás, por haberse dedicado seis años a este país y haber dado lo mejor de sí”.
Al referirse al matrimonio de sus padres, el joven dijo “parecían novios”, tras lo cual exclamó con voz quebrada: “Y es allí donde uno se pregunta ¿por qué el Señor se lo lleva? O uno se pregunta ¿por qué no le dio treinta años más que tanto se cuidaba para lograrlo? Y no tenemos respuesta, es allí donde el misterio de Dios es inexplicable, es allí donde nos arrodillamos indefensos a su voluntad, sin pretender entender pero tratando que nos dé la fuerza para aguantarlo, las virtudes de mi papá para vivir como él y la fe de que algún día estaremos abrazados”.
De su progenitor el joven indicó que su vocación era dar lo mejor de sí en todo momento, sin tregua ni descanso tanto como estudiante, como en los diferentes sitios donde laboró y “ahora había puesto cuerpo y alma sobre la mesa con su nuevo reto en TicoFrut”.
“Nunca se aprovechó del poder para enriquecerse, ejemplo extraordinario de honradez, porque ser honrado es serlo cuando tienes todas las oportunidades para no ser”, señaló Lacayo Chamorro.
Y destacó una frase que encontró en la agenda de trabajo del ingeniero Lacayo: “El liderazgo se basa en la autoridad moral y está fundamentada en el espíritu de servicio y sacrificio personal”.
El sacerdote jesuita Iñaki Zubizarreta recordó los momentos de juventud cuando el ingeniero Antonio Lacayo pasó por las aulas del Colegio Centro América.
“Un muchacho, que ya parecía adulto, maduro ya desde entonces. Era un muchacho con una capacidad de reflexionar, con una capacidad de entregarse, con una capacidad de disciplina, de estudio, de entrega (…), de servicio a los demás”.
El sacerdote señaló que él no lo vio bachillerarse, al igual que al resto de sus compañeros de promoción en el año 65, porque él fue trasladado a otro lugar.
“Cuando leía la vida de los santos, y veía todo lo que hacían, San Francisco y Santo Domingo, decía ¡cuánto trabajo, qué barbaridad, cómo se esforzaron!”, recuerda Zubizarreta, quien consideró que en toda su vida Antonio Lacayo Oyanguren estuvo influenciado por el espíritu de servicio y hacer el bien.
GRATITUD TOTAL
El sacerdote Iñaki Zubizarreta dijo durante la homilía sobre el ingeniero Antonio Lacayo que “no podemos dejar de expresar nuestro agradecimiento por ese aporte total y definitivo que en su momento dio a este pueblo de Nicaragua, a nuestra tierra, ese aporte definitivo a la paz y a la reconciliación de los nicaragüenses, en un momento complejo, difícil, polarizado, de tensiones, de guerra. Que supo conducir la nave, junto con doña Violeta para ir haciendo que poco a poco fuéramos todos entendiéndonos un poco mejor”.
“En aquel entonces fue un hombre de paz y reconciliación, de diálogo y de firmeza, de transparencia, lucidez y de entender por dónde tenía que ser el camino si queríamos hacer de Nicaragua una Patria nueva”, expresó.
“¿Dónde habrá esas personas que puedan ayudar a reconciliarnos a vivir como hermanos, dónde habrá esos hombres y mujeres que se esfuercen sacrificando su vida?”, preguntó.



