Álvaro Taboada

Globalización y reafirmación cultural

A la globalización se le atribuye una peligrosa tendencia uniformadora de las culturas, opinión generalizada que confunde dos procesos distintos: modernización y uniformidad. Anteriormente hemos señalado la multidimensionalidad (económica, técnico-científica, cultural, política, demográfica y militar) de la globalización, advirtiendo que frecuentemente unas dimensiones son minimizadas, mientras otras son sobrevaloradas o evaluadas en contra de los datos de la realidad. Esto ocurre con la dimensión cultural.

Lamentablemente, no abundan los análisis integrales especializados en la mundialización. Uno de los más reconocidos especialistas en esta materia, David Held, formuló con otros estudiosos un excelente marco analítico trans-disciplinario y multidimensional para estudiarla. Dentro del tema económico, Held subrayó el factor científico-tecnológico (sin absolutizarlo), documentando cómo los países punteros en ese terreno encabezan la globalización o interdependencia mundial. (Curiosamente, las posturas extremas coinciden viendo la globalización exclusivamente como el mercado: Para los mercado-idólatras es panacea; para otros es la encarnación del mal).

Held, coincidiendo con Anthony Giddens (mencionado en otras ocasiones) indica que la globalización no posee una finalidad preestablecida. Tampoco evitará que existan ganadores y perdedores, pues hay diferentes capacidades productivas e innovadoras, pero la humanidad muestra, comprobadamente, mejorías (con altibajos) en longevidad y nivel de vida, aunque falta mucho por hacer. La globalización tampoco implica equidad (porque la interdependencia es a menudo asimétrica), pero debería ser más equitativa. Aquí entra en escena el tema (cultural) de los valores humanitarios. Estos pueden y deben influenciar a la globalización, aunque realistamente siempre serán solo una variable (sin duda importantísima) entre la multitud de sus componentes.

En los aspectos más amplios del campo cultural, Held, Giddens y otros, afirman (como dijimos) que la globalización produce modernización, pero no genera al abundantemente predicado monoculturalismo. Por el contrario, la globalización está incentivando la reafirmación cultural, siendo este uno de los aspectos más sorprendentes (e ignorados) en los escritos sobre aquella. La reafirmación aludida responde a los contactos de unas culturas con otras, presumiblemente más dinámicas o invasivas. La respuesta reafirmadora varía de uno a otro sitio: Puede consistir en la defensa del lenguaje; de formas de asociación político-económica, o de la religión, caso de los musulmanes, y también de los grupos amenazados por estos, etc.

Las evidencias contra la tesis de la “uniformación cultural” son abrumadoras: Hay movimientos separatistas político-culturales afectando a diversos países: En España destaca la suicida obsesión catalanista, minoritaria pero activísima; en Italia, el separatismo del Norte; en el Reino Unido el separatismo escocés. Vimos la sangrienta destrucción de lo que fuera Yugoeslavia; la partición de la antigua Checoslovaquia. En otros lares, los movimientos indigenistas manipulados por los Evos Morales, claramente euro-fóbicos y promotores de ulterior divisionismo en sociedades como la boliviana; los movimientos de los mapuches; el separatismo de los franco-canadienses y los movimientos reivindicadores indígenas de Canadá; los kurdos en Turquía, Irán e Iraq; la radicalización islamista que involucra de una u otra forma a mil millones de personas, etc.

Todas estas culturas y grupos se han modernizado en diferentes grados como efecto de la globalización, lográndolo con métodos productivos, comunicacionales y militares occidentales, pero estos mismísimos instrumentos han ayudado a su reafirmación identitaria, encomiable o no. Además, la interpenetración cultural también ocurre de Sur a Norte. Nótese que las culturas más importantes de la humanidad se alimentan de contactos interculturales de variada naturaleza. Cambiar no es uniformarse; solamente las culturas muertas son inmóviles. En suma, las realidades y tendencias contradicen (en lo fundamental) al concepto de “globo-uniformidad”, muy diferente a la modernización global.

El autor es Doctor (Ph.D) en Estudios Internacionales.

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