Cristofer “El Látigo” González fue un soldado de todas sus ideas en el ring, salió como si viviera encerrado en cuatro paredes, sencillamente superior a su oponente, Alexander Taylor.
González estuvo excesivo hacia un rival sin músculo ni forma, que colocó su trampa en la pelea en corto y terminó con el rostro abollado y el cuerpo molido. “El Látigo” triunfó por nocaut en el sexto round y defendió su título mosca nacional.
En el segundo round Taylor se fue a las cuerdas, buscaba desesperadamente un refugio, pero todo el ring tenía un sello: “El Látigo”. Taylor hacía gestos de dolor, los ganchos y cruzados de González hacían efecto.
Onofre Ramírez, el réferi del combate, olfateaba detenerla para proteger a Taylor de la demolición. No obstante, los siguientes tres asaltos fueron de monotonía, era el monólogo de González, hasta que en el sexto envió otra vez a Taylor a las sogas y Onofre dijo: “¡No más castigo!”, era absurdo continuar si Taylor estaba siendo arrastrado por aguas de torrente impetuoso, ya afianzado en las 112 libras.
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