El viejo techo de la vivienda se vino al suelo por las constantes lluvias en Somoto. LA PRENSA/ W.ARAGÓN.

A punto de perder su vivienda

La venta de tortillas que palmea a diario en su casa de viejas tablas y adobe, ubicada en el sector 16 de Somoto, Madriz, no le alcanza a doña Iris Idalia Ponce, para levantar nuevamente el techo que se le desplomó recientemente. Aunque pidió ayuda a las autoridades municipales, estas no hicieron nada porque la señora no tiene escrituras del inmueble.

La venta de tortillas que palmea a diario en su casa de viejas tablas y adobe, ubicada en el sector 16 de Somoto, Madriz, no le alcanza a doña Iris Idalia Ponce, para levantar nuevamente el techo que se le desplomó recientemente. Aunque pidió ayuda a las autoridades municipales, estas no hicieron nada porque la señora no tiene escrituras del inmueble.

El pasado miércoles, el esposo de doña Iris se subió para arreglar el podrido techo, pero este no soportó su peso y se vino abajo, resultando el señor con fracturas en varias costillas. “Mi esposo trabaja de descargador de camiones de carga pesada, cuando lo buscan, y yo palmeo tortillas con lo que apenas me gano entre 50 y 70 pesos al día, y eso no nos da para comprar la madera y las láminas de zinc”, explicó Ponce.

La semana pasada llegaron funcionarios de la Alcaldía y le pidieron las escrituras de la casa, “pero como les dije que no tengo esos papeles, entonces me dijeron que no podían ayudarme, a pesar de que verificaron que estoy a la intemperie y la gran necesidad que tengo por ser una mujer pobre”. Ahora esta mujer implora ayuda de los somoteños.

A doña Iris Idalia no le ha ido bien desde el 2011, cuando decidió emigrar hacia España para mejorar las condiciones de vida. “Hipotequé la casa con una mujer que presta dólares en la ciudad de Somoto para el viaje, y dijo que ella ya había pagado el boleto ida y vuelta, el seguro y el hotel y que se hacían 2,500 dólares, pero todo era falso”, dijo.

Añadió que meses después la mujer le dijo que le iba a garantizar su regreso a España, lo que nunca ocurrió. Sorpresivamente apareció una mujer para decirle que le desocupara la casa porque ella era la nueva dueña, pues se la había vendido la prestamista.

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