La persona que ingresaba a la Iglesia primitiva sabía que estaba tomando una decisión radical en su vida. Para comenzar, la sociedad en que vivía era hostil al cristianismo. El que creía en Cristo perdía categoría humana, sus bienes y posiblemente hasta su vida. El cristiano se comprometía a vivir una vida distinta, muy diferente a la de sus conciudadanos. Concebían la historia, el matrimonio, la familia, las relaciones interpersonales, la moralidad, inclusive el concepto mismo de la existencia humana era diferente, y frecuentemente opuesta a como la entendía la mayoría.
Hoy vivimos una realidad muy similar. Muchísimos de la sociedad secular no solo le han vuelto totalmente la espalda a Dios, sino que se oponen a los que creemos en Cristo. Pero para mí, hemos llegado a algo más grave: muchísimos de los cristianos se han secularizado de manera que hoy, el seguir realmente a Cristo sea de nuevo una decisión radical.
Platicando con amigos míos con temas relacionados al aborto, al matrimonio gay, al sexo irrestricto, a la gravedad de la corrupción, a la violencia, la drogadicción, el sida, entre otros muchos males de nuestros días, me decían: “ Con exageraciones tampoco” o “ Te acepto todo pero sin fanatismos” o “ Por eso es que la gente está dejando de creer en el Evangelio ”
Creo que hemos perdido la noción de que el entregar nuestras vidas a Dios a través de Cristo supone hacer una gran diferencia con las corrientes de pensamiento contemporáneas, que van en contra del plan de Dios para la humanidad. Y peor ahora porque muchos cristianos inconscientemente han aceptado y asumido los valores del mundo y la ética del mundo como propia, sin percatarse que al hacerlo están rechazando al Señor que proclaman seguir.
Estadísticamente en muchos lugares ya no hay gran diferencia entre el comportamiento del hombre cristiano con el de la sociedad secular, como lo demuestran las encuestas. Unos como otros tienen sexo pre-marital, igualmente se rompen los matrimonios y se divorcian, algunos van a la cárcel por delitos comunes, practican el aborto, otros son señalados de corruptos.
En el seguimiento a Cristo, no existen términos medios o zonas neutrales, debe ser una decisión radical. “El que no está conmigo está contra mí” dice el propio Señor (Mateo 12:30), pero curiosamente algunos cristianos son complacientes con las ideas, valores y actitudes que van en contra del plan de Dios. Países enteros considerados antes como naciones cristianas han sido arrebatados por las nuevas y modernas corrientes de pensamiento.
Creo que es válido hacernos la siguiente pregunta: ¿Somos de los que hemos hecho un compromiso radical con Cristo, o con las corrientes del mundo en contra del plan de Dios? Dejemos que sea el propio Cristo quien nos hable en Romanos 12,2: “No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cual es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto”.
El autor es coordinador de la ciudad de Dios.
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