Yo me despierto todos los días como una cucaracha
llamándome Gregorio Samsa,
arrastrándome, con mucho dolor en mi brazo izquierdo
y en las vértebras,
y sin poder caminar erguido.
Voy guiado por los animales
arrastrándome para bajar del arca en este Aranat ahogado.
Un animal viejo y enfermo como yo
ya no tiene derecho al amor.
Ni salir a la puerta de la noche para hundirme en la tristeza
romántica del cielo.
Tengo que confesar que desde hace seis años nadie
busca mi boca.
Y yo me despierto todos los días como un animal salvaje
oyéndome
los insultos y ternuras de mi alma de hierro y hielo
y mis llantos cuando camino con un rojo azafrán en mi corazón
para parecer humano.