La separación del valor entre el ser mujer un hombre, data de millones de años.
Según registra la historia, el hombre es superior, más fuerte, más inteligente, a quien se le han entregado todos los derechos; quedando anulados los de las mujeres.
Esta concepción ha sido traspasada por los hitos de los siglos hasta nuestros días, y se ha gestado en el pensamiento de ambos sexos.
La mujer cree que sin el hombre es indefensa, que es menos respetada, que hay que obedecer, ser fiel y él cree que las mujeres tienen la obligación de cumplir con el mandato histórico que son “superiores”.
Los mensajes de esta desigualdad están incrustados en los genes del pensamiento y han sido traspasados de generación a generación.
La dependencia con la que hemos sido educadas ha embrutecido la mente haciéndonos creer que las mujeres somos débiles, inútiles, infelices e inseguras.
Pongamos atención a lo que creemos, pensamos y decimos, pues nos hemos hecho tanto daño que la sociedad sufre, gime del dolor de tanta violencia.
Hay mujeres maltratadas, mutiladas, asesinadas; hijos que repetirán la misma historia. Ante todo esto es momento de cambiar, modificar nuestros valores humanos donde seamos tratados por igual, con respeto, dignidad y aprecio.
Solo de esta forma se erradicará el machismo de nuestra cultura , de nuestras creencias para formar la conciencia.
Nacimos con igualdades y podemos disfrutar de una vida con equidad, digna, llena de respeto y en trato afable.
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