Inició Mauricio a trabajar en el cementerio, a los pocos días se fijó, que muy poco visitaban el cementerio, pero un día llegó una joven qué visitaba todos los días el lugar para llevarle rosas rojas a los difuntos que allí reposaban, nunca visitaba dos veces la misma tumba, las veces que llegaba visitaba una tumba distinta, era todo un misterio que asustaba y sembraba terror en el jardinero del cementerio.
Un día, de mucho calor, mientras limpiaba Mauricio la reverdecida grama del cementerio, la joven llegó con sus rosas, se sentó en la tumba que estaba justo al lado de Mauricio y aprovechando la situación, le preguntó Mauricio :Usted ha perdido muchos familiares o personas queridas. No, respondió la dama.
¿Por qué viene al cementerio a visitar una tumba diferente cada día? Siguió preguntando Mauricio. Porque me gusta escuchar las voces de los finados, puedo hablar con los que se encuentran en el más allá, es por eso que todos los días visito una tumba diferente, para escucharlos ya que todos estos muertos tienen para contar siempre algo, todos tienen una historia diferente e interesante, contesto la joven. Ah, bueno —dijo el jardinero—, entonces, siga escuchando sus historias, hasta luego. A los días el pobre Mauricio, asustado y con tremendo terror renunció a su trabajo y se juró no trabajar más nunca en un cementerio y se preguntaba con tremendo terror: Que la joven era alguien que había fallecido, y que su espíritu que merodeaba el
cementerio.