Cuando un embajador termina su misión diplomática en Nicaragua, es tradición despedirlo con la distinción de la Orden José de Marcoleta en el Grado de Gran Cruz, entregada directamente por el canciller de la República.
Según fuentes históricas, José de Marcoleta fue un diplomático español que se ganó la gratitud y la admiración de las autoridades nicaragüenses en el siglo XIX, cuando la joven civilización de Nicaragua atravesaba por procesos de defensa de su soberanía, ante las ambiciones territoriales de países europeos.
En ese contexto, Marcoleta es recomendado para representar a Nicaragua en sus derechos soberanos, papel que desempeña con tal eficiencia que el Gobierno de Nicaragua le extiende Carta de Naturaleza o ciudadanía nicaragüense mediante decreto del 24 de marzo de 1846.
“En esa época se contrataba a los diplomáticos para que hicieran gestiones de los gobiernos en otros continentes”, explica Mauricio Díaz, diputado ante el Parlamento Centroamericano (Parlacen) y exembajador de Nicaragua ante distintos países.
Marcoleta tuvo el cargo de Encargado de Negocios de Nicaragua ante las Cortes de Bélgica, Países Bajos, Cerdeña, Santa Sede y de la República Francesa.
El diplomático español fue muy activo en la representación de Nicaragua cuando Gran Bretaña tenía pretensiones sobre la costa oriental de Nicaragua. Inicialmente, el Gobierno de Nicaragua había nombrado a Francisco Castellón Sanabria como ministro plenipotenciario de Nicaragua ante Francia e Inglaterra, y al doctor Máximo Jerez Tellería como secretario. Se considera que esta fue la primera delegación diplomática nicaragüense enviada a Europa.
“Que es de justicia exaltar la figura digna de José de Marcoleta y rendir un merecido homenaje a su memoria, a través de la creación de una Orden Nacional que lleve su nombre como símbolo de los valores que defendió durante su vida como diplomático”, expresa la referida Ley.
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